viernes, 30 de marzo de 2012

POESÍAS LLAMELLINAS

LIMA, MES DE LA MUJER DEL 2012...

... “hasta que el trino del gorrión
                        nos despierte al rayar la aurora”.
                                   Miguel Adler Rivera

MUJER DEL ANDE

Waqanqo warmi, mujer retama
son a  tus manos de chancaca,
 que amasan el amor y la tierra,
 que mi solitario corazón busca.

A tus arawis que aún alborean,
a  tus ruecas  que giran,  y giran
el vellón más albo de la nube,
la hilacha de la paccha celeste.

A tu silencio macerado de siglos,
a tu encanto de manantiales,
a tu paciencia dócil de tiempos,
a tus manos llenas de corazones.

Mujer dulce, mujer de bronce,
cuida el ichu de  tus ovejitas,
el agua y el aire de las tsaquitas;
y a la Patsa Mama, ahora o nunca.

Waqanqo warmi, mujer andina
déjame a mí también cantarte;
al  baile del wayno,  quiero  verte
alegre como  mi tierra colorada.
                       
                      Walter  A. Vidal 
                    

MAMA KILLA
 
Cual luminaria en mi eclipsado camino
te hiciste confidente de mis apasionados amoríos,
quien diría que solemnizaste mis triunfos
si a ti te conocí como la deidad femenina de mis ancestros.

Tan atenta estás a mis emociones.
A veces redonda reluces plateada,
pero sin curiosa intromisión
calmas mi vehemente andanza.

En la lejanía te confié de mensajera
y te atreviste a ser de vocera entre mi madre y yo,
aunque solo contaste mis alegrías
sé que con mis penas te quedaste tú.

Iluminaste mi infantil inocencia
persiguiendo mis juegos de “kullu zuté”,
pintaste mil cuentos de sombras
mientras ataba “tipis” de mazorcas de maíz.

En aquellas noches buenas de danza
de tambor y “shajsha”
cómo resplandecían contigo
los pastorcillos, “rucus” y negritos.

Secaste mis mejillas consolando mis despedidas
mientras miraba lejana la casa en que nací.
Qué nostalgias me embargan
hoy cuando iluminas al viejo batán,
qué ternura me traes en las noches de “rompe”
cuando estallan la voz de una “palla” y el arpa bajo tu resplandor.

Lóbrego es mi camino cuando no brillas como en Llamellin,
oscuro sin aluzar al perdido amor.
No dejes que la niebla en mis ojos me deje invidente
quiero verte siempre plateada como aquella vez
que en el zaguán de mamá iluminaste su tez.

                                      Nélida Silva

Nélida Silva. Teatro Romeo y Julieta. Miraflores, 2010

jueves, 1 de marzo de 2012

PARA EL RECUERDO...

Escribe WAVITA





Ayer, 28 de febrero,“CLXXIII Aniversario de la Creación Política del Departamento de Ancash”, se tiñó Lima de Ancash, y los ex huaylinos, más ancashinos que nunca, festejaron con pasacalles, bombardas y actos culturales, como el acaecido en el Congreso de la República.

En la mañana, de sol y sed, los artistas ancashinos de las diferentes provincias de aquella rica y bella región, ofrecieron a Lima y el Perú un multitudinario y esplendoroso  espectáculo centrado en el tradicional pasacalle, dirigida por la mismísima Princesita de Yungay, con los auspicios de, entre otras entidades, la Municipalidad de los Olivos.

LAS PALLAS DE LLAMELLÍN

No se hizo esperar en dicho pasacalle la Pallas de Llamellín, en las voces de lindas damitas, entre ellas, de Nélida Silva, Sara Acuña, las hermanas Delma y Nery Vidal, Carmen y Eliana Alonzo; y entre los varones Elmer Silva (de Atsa rucu).

La vistosa comparsa partió del frontis de la Municipalidad de los Olivos y terminó en el “Palacio de la Juventud” en la Avenida Universitaria.

POESÍA FRESCA

No faltaron manojos de poemas, recién cosechaditos para este día. Elmer Neyra Valverde cantó en el blog “Chiquián Querido” de Nalo Alvarado, un poema fresco con olor a historia:

[…] ANKA, majestad de ave
que nace en los helechos y en los pedernales
de las cordilleras que son tu surco
de calvario y de esperanza.
[…] tus águilas o ancash, guardianes
del azul de tus lagunas, de las sonrisas de tus glaciares
de la luna que mira el abrazo de Waskarán y Wantuq.

Ancash, por su riqueza en sus entrañas y su belleza natural  es y fue siempre una región apetitosa para los conquistadores, que no escatimaron en usar las armas para someter a sus habitantes.  Su historia es básicamente una historia de resistencia.

Resistencia también a la naturaleza que, salvaje, al fin, al no poder  entrar en entendimiento con el hombre,  se sacude,  en aluviones y terremotos  infernales.  Resistencia a las invasiones de hombres con hambre de poder. Resistencia a  los waris, los incas y, por último, a los peninsulares.

Neyra lo recuerda -en el poema al que estamos haciendo referencia y que Nalo publicó el 28- cuando dice:
[…]  y llegan en gaviotas voraces,
 en caballos con ojos de plata
y morriones más duros que la noche,
con cañas huecas que vomitan truenos,
los campeadores y los tunantes de la
hambreada Extremadura y la desolada Castilla.
Se acercan convoyes de guerreros de Qosqo,
ante ellos, tus hijos del coraje
misioneros de la resistencia
timbales rojos de pundonor
son  tus inolvidables
konchuqo, pishqupanpa y waraq.

Y cuando parece todo consumado para esta tierra valerosa, o -como dice Elmer- cuando una larga nevada en festones de noche se abatía en el paisaje del viejo águila, desde sus cenizas se levanta una nueva y esperanzadora existencia.

San Martín desde Huaura, arroja de su espada
una semilla primera: Huaylas, que labra
Luzuriaga y Mejía con probidad y tesón.
Bolívar, el volcán del norte, y Sucre, el Abel desangrado
acrisolan en Áncash el épico Sol de la libertad,
que desde las retamas de Ayacucho, por siempre
alumbrará el destino de una América sin amarras...


También Norka Z. Bríos  Ramos se suma con hermosos versos que, fresquitos también, los publica Nalo. Entre ellos inflama el recuerdo una canción que evoca aquel lejano

“CAMINITO DE MI TIERRA ANCASHINA”
(canción)

[...] Caminito de mi tierra
adornado de eucaliptos.

Caminito de mi tierra
perfumado de capulíes.

Caminito de mi tierra
de cielo azul y copos de nubes.

Caminito de mi tierra
te recorrí toda entera.

Caminito de mi tierra
te recuerdo con ternura.

Caminito de mi tierra
fuiste mi guía y mi horizonte [...]
EN EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA

Una ceremonia especial, oficial y central, que selló con broche de oro las citadas celebraciones en la Capital, se llevó a cabo en el Congreso de la República, a las 15 horas del mismo día, promovida por la Dirección Regional de Cultura de Ancash, que lidera el Mag. José Antonio Salazar Mejía.

Antes de la ceremonia, un generoso mensaje grabado en pergamino, con el título ANCASH, UN VIAJE POR SU BAGAJE HISTÓRICO (1839-2012), por los congresistas Modesto Julca y Fredy Otárola, es distribuido en el pasillo que conduce al salón “Raúl Porras Barrenechea”.

“En febrero de 1821 nace el departamento de Huaylas como uno de los tres que primeros del Perú Independiente. Pese a que por vicisitudes de la historia la hacen (sic) desaparecer en 1823, al anexarla (sic) a Huánuco y luego a Junín, reaparece en 1835 como departamento autónomo bajo la administración del general Salaverry”; continúa la reflexión: “Huaylas cambia de nombre por Ancash en 1939, cuando los avatares del destino hacen trizas la Confederación Perú-Boliviana. Oficialmente, Ancash nace el 28 de febrero de 1839, hace 173 años y con ese nombre ha de brillar con luz propia marcando el paso al derrotero de nuestra historia nacional”...

PREMIACIÓN DE ANCASHINOS DESTACADOS

Después de los discursos de orden y las brillantes intervenciones de José Antonio Salazar, Director de la DRC de Ancash, y del autor del libro “Enciclopedia de Ancash”, escritor Víctor Unyén Velezmoro, se realizó la premiación a las personalidades destacadas de nuestra cultura regional.

Entre ellos le cupo recibir tan merecido homenaje al DOCTOR WALBONSO RODRÍGUEZ ARAINGA. Ex Rector de la Universidad Nacional de Educación, su alma máter  donde se recibió de maestro y -también allí- formó una pléyade de personalidades que han destacado y destacan en los distintos campos del saber  educativo.

Nacido en Chambara, un bello pueblito rural de la Provincia Antonio Raimondi, a orillas de la todavía cristalina quebrada del mismo nombre, a dos horas de caminata de Llamellín, lugar donde estudió su primaria, hizo su secundaria en Huari (capital de la provincia del mismo nombre a la que por entonces pertenecía el distrito de Llamellín). 

Es de destacar el hecho de Walabonso, porque pocas veces, tal vez  ésta sea la primera, que se tiende una mirada a lugares recónditos de Ancash con poco o ningún merecimiento de la oficialidad, si se quiere la forja de una real integración e identidad ancashinas. En este sentido, como raimondino y discípulo de Walabonso, tenemos que agradecer tal gesto de José Antonio Salazar  Mejía.

Walabonso ha publicado alrededor de medio centenar de libros, básicamente en el campo de su especialidad humana: la educación y  la pedagogía. Ellos son más conocidos en Venezuela y Colombia, donde Walabonso ha hecho trabajos en el marco del proyecto Andrés Bello. Pero también no ha estado ausente su preocupación por la patria chica. Así lo demuestran sus artículos en la revista regional “Yarcán”,  al lado de Javier Pulgar Vidal,  Teófilo Maguiña, Manuel Reina,  Guillermo Santillana, y otros ilustres escritores.

Es pues muy merecido el premio otorgado a Walabonso por la DRC de  Ancash, que mediante R.D lo declara PATRIMONIO CULTURAL VIVO DE ANCASH y le hizo entrega de la medalla DIOS GUARI DE CHAVÍN, en el acto de ceremonia especial que se desarrolló en el Salón "Raúl Porras Barrenechea" del Congreso de la República el martes 28 de febrero de este año 2012.


El Maestro Walabonso Rodríguez  entre el Director de la DRC de Ancash y el Alcalde de Huaraz
 
 
 
 

jueves, 26 de enero de 2012

TODAS LAS SANGRES Y LA PICHUICHANCA

Walter A. Vidal Tarazona


Todas las Sangres, novela de José María Arguedas (1964),  nos presenta una sociedad en descomposición debido al violento desencuentro de la modernidad, que básicamente se instala en la minería, con el mundo andino ya revuelto en sus contradicciones. Los personajes: todas las sangres. También hay otros personajes andinos, no menos importantes que los humanos, que intervienen en la novela: los gorriones, las calandrias, los gavilanes, el cóndor, hasta las mariposas. Unos hablan en su lenguaje, otros simplemente cuentan con su presencia. En el siguiente pasaje, importante escena casi al inicio de la obra, un gorrión “habla” en su lenguaje propio.
(los subtítulos, nos corresponde, así como el resaltado en negritas del texto)

La Pichuichanca y la muerte de Andrés Aragón de Peralta.

Andrés Aragón, “El gran viejo loco”, o  “El patrón grande o gran señor” (para los indios), decidido a suicidarse, había subido a la torre de la iglesia, desde donde, a modo de despedida,  hacía sórdidas acusaciones a la sociedad, principalmente a sus hijos.

Para algunos señores (no indios) aquel espectáculo era “El castigo del cielo”, para otros “la voz del infierno”. Doña Adelaida limpió el rostro del anciano Andrés con un pequeño pañuelo, luego ambos bajaron a las gradas del atrio de la iglesia, donde estaban  “los señores” (los indios estaban abajo, en la plaza), los alcaldes y los comuneros, los mestizos, sólo faltaban los gringos de la mina o empleados de ella (el consorcio aún no había “comprado”  la mina a don Fermín, el hijo del terrateniente Andrés Aragón), pero la empresa extranjera tenía infiltrado al ingeniero Cabrejos por allí.

La escena de la plaza finaliza cuando el cura, dirigiéndose principalmente a los hermanos (hijos del hacendado Andrés Aragón), dijo lo siguiente:
- “Ha sido un testamento público, señores. En su delirio el Caballero ha establecido una voluntad; emplazó a los señores autoridades a que atestigüen también”.

El viejo hacendado, ya sosegado, se dirigió lentamente, calle arriba, a su casa, como “un cóndor flaco”, cuando “Unas “mariposas rojinegras  volaban del huerto hacia la calle: agitaban sus alas silenciosas en la paz del mundo”. Lo esperaba Anto, su criado,  heredero de la finca, quien lo llevó por el largo corredor del patio y  cuando se dirigían a la puerta del dormitorio, “se escuchó con gran claridad el canto de un gorrión […] Volvió a cantar el pájaro, con gran alegría; su voz hizo revivir las alas amarillas del papagayo, y llevó al dormitorio del anciano el hálito feliz del campo, la imagen de las pequeñas casas del pueblo y de los bosques […]”.

- “Me está despidiendo del mundo ese pajarito”, le dice el candidato a suicida a su criado Antón. “[…] echarás trigo al techo para darle mi recuerdo a ese pichilanka” (gorrión); luego cerró los ojos y bebió el veneno. “Sobre la cruz de la casa, otro gorrión cantaba con el piquito hacia lo alto, muy erguido y gallardeando.” “El sol quemaba el polvo de la calle; los gavilanes que volaban lentamente sobre el aire del pueblo recibían también en su cuerpo negro todo el sol, y se movían en silencio bajo el azul profundo del cielo.

Los vecinos que acudieron a la casa hacienda para testimoniar sus condolencias a los deudos, poco a poco, fueron desapareciendo. Los deudos escucharon “el canto tiernísimo y potente de un gorrión.” Anto  se  santiguó y dijo:

- “ese canto dice que el alma del gran señor ya está caminando bien. Un perro lo guía: la comunidad le ha puesto ojos grandes y pies delgadito. El podrido puente del destino del gran señor no caerá, y después su perrito le llevará por siglos… ¡Eso sí, no sabemos dónde!”

“[…] el gorrión volvió a cantar”…  

- “Le ha despedido del mundo este pajarito, al gran señor. Le ha consolado antes del veneno”, dice Anto.

- “El pichitanka [gorrión] canta para el vivo que oye. Tú oyes más, don Fermín [el minero, hijo de Andrés] no oye” –responde Rendón.

“Anto, mostrando un gavilán negro que daba vueltas en el cielo, exclamó “¿ahí está volando la muerte de los caballeros grandes!”.

Ciertamente, con la muerte del hacendado, se inicia el derrumbe del mundo feudal andino, como se apreciará al final de la obra.

                                                                                               
La calandria y la sangre de Nemecio  Carhuamayo

Esta escena se produce en el corredor y patio de la casa hacienda de La Providencia, de propiedad del ahora gran hacendado Don Bruno, hijo del finado Andrés Aragón.

-“Habrá mita, iréis por turnos de doscientos cincuenta a trabajar en las minas de mi hermano” - hablaba Bruno mientras los comuneros seguían de rodillas- “¡Levántate K´oto!” – gritó, de repente, y todos los indios se pusieron de pié. “En la mita irán con Nemecio Carhuamayo, mi primer mandón y con Federico Olivas, segundo mandón. No hablará ningún colono con los peones y obreros de mi hermano, bajo pena de azote…”

“Una tropa de loros pasó, muy alto, gritando profundamente y waronk´s muy negros, de cuerpo lúcido, zumbaban cerca de los maderos que sostenían el techo del gran corredor.” Adrián K´oto, desviando la vista hacia el nevado, se animó a dirigirse al amo Bruno:

- “Padrecito […] Hijo de Dios, werak´ocha patrón […] concédeme la bondad de tu corazón y danos licencia para vender algo de nuestros animales a nuestros hermanos comuneros de Paraybamaba. Ellos no son colonos, pero hay lágrimas de niños y mujeres en sus calles, en su iglesia; ya no les alcanza el alimento; la tierra se ha empequeñecido…”

El rostro de Don Bruno iba encendiéndose de ira:

- “Sigue” – le dijo, sin poder ocultar su enojo.
- “La tierra se ha empequeñecido en Paraybamaba, Padrecito Don Bruno, hijo de dios: las madres están matando a sus hijos recién nacidos porque los mozos están escapándose  a la costa, a tierras desconocidas. Colonos de Providencia les daremos lana, ovejas, para que vendan…trigo para que coman.”

- “Los colonos no venden. ¡Los colonos no tienen nada K´oto! Todo es de mi pertenencia. ¿Quién te dio licencia para ir a Paraybamba? […] ¡Nemecio! Sube –ordenó al mandón [se supone él fue quien le dio licencia] –Ahora tú –le dijo a Olivas, el segundo mandón – Diez [latigazos] –le ordenó-. Cinco en la cabeza, a este miserable, traidor, inútil –dijo, señalando al primer mandón.”

Nemecio Carhuamayo, con la cara sangrando, permaneció muy erguido, con los ojos pendientes de la frondosa copa del pisonay (árbol frondoso de flor colorada).

 “Al último azote, una calandria se posó en la más alta rama; voló como flameando su pecho amarillo. Cantó dulcemente bajo los cielos.”

Adrían K´oto solicitó “licencia” para hablar:

“- ¡Inocente don Nemecio Carhuamayo! ¡Como la voz de la calandria! Más todavía. Mujeres de Paraybamba han pasado el río. Chorreando agua llegaron a mi casa. Pidieron misericordia. Están matando a sus hijos recién nacidos, hijo de dios. Oye, oye tranquilo al Señor Crucificado, patrón de tu hacienda; en tu corazón escúchalo. ¡Ahí está la sangre inocente de don Nemecio! Ya le está cayendo al pecho. Paraybamba no es corrompido, sufre.”

“[…]La voz de la calandria, que volvió a cantar, fue oída por Don Bruno. Repitió el canto varias veces seguidas y refrescó algo la ira que iba caldeando cada vez más al señor de la hacienda.

“[…] La solitaria calandria voló del pisonay; la luz del nevado sonreía en sus plumas amarillas y negras que aleteaban en el aire. Cubrió el patio, todos los cielos, con su canto en que lloraban las más pequeñas flores y el torrente del río, el gran precipicio que se elevaba en la otra banda, atento a todos los ruidos y voces de la tierra. Pero su vuelo, lento ante los ojos intranquilos del gran señor a quien lo interrogaba un indio, iluminó a la multitud. Ni el agua de los manantiales cristalinos, ni el lucero del amanecer que alcanza con su luz el corazón de la gente, consuela tanto, ahonda la armonía en el ser conturbado o atento del hombre. La calandria vuela y canta no en el pisonay sino en el pecho ensangrentado de Carhuamayo, acariciándolo; en la frente insondable del patrón que repentinamente se estremece, en los ojos de los colonos que miran a don Nemecio con serenidad firme y triste. Se ha ido la calandria.”

“- ¡Carhuamayo! […] Eres inocente. Te pido perdón, como hijo de Dios, ¡Y tú! –le dijo Bruno, volviéndose hacia Olivas- . ¡Fuera de Aquí! […] Yo no te dije que le sacaras sangre. Lo hiciste por tu cuenta, desgraciado […] “Carhuamayo, mi primer mandón, va a vigilarte, K´oto. Te doy licencia para que vendas  a los paraybambas ganado y alimentos […] puedes darles fiado. Que no sufran más que nuestro Señor, si eso es posible”

-“Padrrecito grande, Queda tranquilo […]´Yayayku. Hanank´pachapi kak´…  [Padre nuestro que estás en los cielos…]

“Los gavilanes, que  vuelan más bajo que los cóndores”…

El pueblo de San Pedro sufrió un golpe más como consecuencia de la decisión política de cambiar la capital de la provincia a un pueblo despreciado. 
  






jueves, 29 de diciembre de 2011

Cantos para el gorrión

Continuación...

Gorrión andino en Lima

GORRIONCILLO SURCANO

Pico de oro, gargantita de lata
solitario pequeño gigante,
corazón, puño, beso, canto,
inmensos, erguidos.

Estremecida flauta
de plumas y ceniza.
¡Hermano pichuichanca!

¡Oh! cómo esperamos aquí
tu garbada presencia en abril,
gras, flores, ramas sedientas,
hermano pichuichanca.

Erguido al cielo, viento, aguacero
de sur a norte, cordillera, mar,
tu canto, piquito de oro,
es vocecita de lata y cascabel.
¡Hermano pichuichanca!

II

Mi Huascarán azul, colosal
está en ti.
Mi tierra colorada, hermosa
está allí.

En tu canto matinal,
filtrado por el ventanal,
mi vida, mis sueños,
borbolleando están allí.

Cuando sinfonizas
con los chivillos, me rescatas
alma, cuerpo, espíritu.

Me liberas del mundo
sangrando cada mañana
en la ventana virtual.

III

No sé. ¡No sé! si estarás allá
a donde partiré sin retorno.

No sé si seguirás repicando
bienaventuranzas,
cuando abro mis ojos.

Alegre gorrioncillo surcano,
puño, beso, viento, cielo.

Cascabel de estremecidos
huaynos de mi tierra andina,

¡Yo te saludo!

         FRANCISCO
                                              Al P. Juan Moya

De la fronda cogeré versos
de chivillos y gorriones.

Con el perfume del eucalipto,
subirá un ramillete de amor.

Cantos floridos de alabanza
a Francisco, como incienso.

Parará la lluvia de avecillas
muertas en Arkansas.

Dejará de teñirse el mar
de sangre de ballenas.

No más deporte de animales
cabeza de sesos putrefactos.

Tus hermanos sol, tierra, agua
todavía alimentan, amorosos,
a nuestro hermano gorrión.

GORRIÓN MIGRANTE

Cuculí hermana de la luz,
yo a ti te encontré en Lima,
cuando me vine…

Pero tú, pichuichanquita,
¡cerca al mar!
¿En la universidad deletreando
“Chimpún Callao”?

¿Quién te enjauló?
¿Cómo escapaste?

Huaynito en parda espalda,
volando, saltando, cantando
¿del Ande acaso bajaste
paisanito?

Tú, gaviotita de la fronda azul,
viajera, dime, ¿soy yo o brisa
con quien juegas a besitos
en el mar?

La Marina
      La Perla
            Bellavista…
¿esperándonos estarán
cuando ya no estemos aquí?

            Tú,
héroe bajado del Ande,
no sé cuándo ni buscando qué…

            aquí,
a la distancia de tu cariño
que nos ata,

            estarás
aguaitándome desde el árbol amigo,
tal vez desde el grueso cable opaco,
que a saltos recorres como pregón,
nuestra calle Pregoneros…

            mañana, cuando no esté aquí.

                   º º º

LACERANTE DESPEDIDA

Un
piu-chiuu—chiu-, apagada,
como pregunta crucificada
en la cumbre de su soledad.

¿Lacerante despedida, gorrión?

No es piedra disparada al pecho,
para cuyo dolor, agua cristalina
del puquialito o del riachuelo.

Él está herido de cuerpo y alma…

Es la ciudad, cemento, petróleo,
aceite, encharcados en su vientre;
es su propio piquito compacto
que lo va matando poquito...

AÑORANDO ...

Hoy cantaré versos a la fronda oscura
Sé que exhumaré villancicos rotos
amainando una tormenta en mis ojos,
esta noche, Noche Buena.

DESCRIPCIÓN...

Vengo de mirar las olas orillando
con sus blondas blancas
cantos rodados del acantilado.

Es navidad, navidad de parque,
con palomas blancas quitándose
espacio en la iglesia, mi navidad
número sesenta y nueve.

Con noche canora, colores
rostros azules, carros agitados.

Diminutas luces del Campo Ferial
llegan hasta la solitaria cuculí
posada en la cabeza de Túpac Amaru.

La música pirata canta villancicos,
en el aire del océano recorriendo
olores encharcados de Castilla a Echenique.

¡Y yo queriendo exprimir una poesía
así sea la última de mi vida!

LA TIERRA SE ROMPE

Afiebrado mundo,
¿Encontrarás algún Refidín
donde acampar tu cansancio?.
¿Alguna Horeb donde saciar
tu sed de justicia cristiana?

La Tierra es una, natural.
El hombre se partió en dos:
quien sufre y quien hace sufrir.

Hace sufrir de Chagas en Chaco.
Con maíz transgénico
el hambre no sepultado en Haití.

Tal vez la Tierra destruyó viviendas,
pero el hombre quitles terreno,
con hambre y todo, a todos.

La Tierra está afiebrada, el hombre,
conectado a su celular,
con su bomba y su moto sierra…
¡El hombre está loco!

ROJA Y BLANCA

Roja y blanca, mi nación,
de ser oro no tiene noción, 
de ser agua, de ser canción.

Me duele mucho su dolor
de suelo despedazándose
por vil dinero saqueador.

Su pueblo olvida quienes
le abrieron herida, le vaciaron
su bolsillo y su vientre.

Olvida que hacha más azuela
y droga es política del dinero
sucio, ruin, devastador.

HUACAYBAMBA
                                                      A mi madre María

¡Ah…! Aquel eucalipto de Florecillas.
Abajo, aquellos capulíes de Pilanco,
que cobijaron mi niñez amarillenta.

No me imagino hecho lecho de lechuzas,
achacoso mástil de terrucos pacapacas,
¡No me imagino araposo!

Quiero quedarme con su retrato,
de noble robusto recio señor eucalipto,
colgando nidos de ruiseñores vistosos.

Prefiero recordarle aún erguido
con mis dedos de leche tocándole su pie,
con picaflores acariciándole su cabellera.

Ah… y las
columpiándose como frutillas diminutas,
erguidas en su copa erguida.



CINISMO

Si mañana no estoy aquí,
cantando los villancicos
más tiernos del mundo,
digo, por sí ocurra eso,
es porque en Venus estoy
cantando los poemas
más cínicos del universo.

  º º º  
                           FIN



   


       


   
                    
             
pichuichancas en sus ramas
del parque liderada por el eucalipto.

Lejos, hoy, el viejo río, el trigal azul,
la luz de retama, el brillo del capulí.

A sus ramas colgadas de chivillos.
Lejos, hoy, el diminuto pichuichanca
saltando esbelto en el empedrado.

Pintaré mi ventanal y el cable tendido
en la calle con solitario gorrión.
Hoy es navidad…

viernes, 23 de diciembre de 2011

NAVIDAD DE MI TIERRA PISCOBAMBINA

             Juan Rodríguez Jara.


NAVIDAD DE MI TIERRA PISCOBAMBINA

Los villancicos y reflexiones han llegado, en fiesta,
entregándonos músicas celestiales para meditar
y dar gracias por el largo camino recorrido al andar;
gracias a la vida y nuestra amistad que nos hermana.

La paz sea para todos y el futuro una ventana abierta;
para la realización de nuestros proyectos y sueños.
En unión y paz lo que hemos planificado logremos,
haciendo grande y conocido nuestro Piscobamba.

Pueblo trasandino de Áncash, digno y generoso,
donde el eucalipto más grande del Perú, tiene su hogar.
En navidad rondarán su plaza gigante los pastorcitos,
los uritus se multiplicarán en dedos infantiles.

Mis paisanas solteras, lucirán racimos de flor navideña
en sus sombreros, atados con cintas multicolores,
para mirar a los mozuelos y danzar en los nacimientos
confundidos en un desbordante mar de alegría.

Los ancashinos vivamos en navidad siempre;
defendamos nuestras aguas para la vida,
roguemos a Diosito:  el mundo cuide
y tengamos el paraíso en armonía.


Saludo a todos los que supieron darme su amistad y me dedicaron algún minuto de su vida. Saludo a los caminos que se multiplicaron por las colinas en mi niñez, saludo a los árboles que me dieron sombra dialogando con el calor o la lluvia de mi sierra, saludos a las aves de los campos, no obstante estar libres me brindaron sus cantos, saludo a los pastores que detrás de los rediles o carrales, hacen sonar sus canciones en sus flautas o violines, hacían fugar las notas musicales. Saludo al riachuelo o acequia que me brindó sus refrescantes gotas de la vida, aunque ahora se están ausentando de mis caminos, devorados por la minería informal. Agradezco a ti y a todos por leer mis líneas y recordar mi tierra piscobambina, lejana; pero presente hoy por estas navidades.
                                    FELICIDADES EN TODA LA VIDA.
                                          Diciembre del 2011.
                                                Juan Rodríguez Jara, el autor  (al centro)

martes, 29 de noviembre de 2011

26 de octubre de 1890 - 26 de octubre de 1964

"La gran obra, obra universal, del sabio -Antonio Raimondi Dell´Accua- se inicia en el Perú, su segunda patria.
El mismo dice: La historia de mi trabajo está tan íntimamente ligada con la de mi vida, que bien pudiera decir
que ambas empiezan juntas". No exageraríamos, entonces, si afirmamos que él "nace" en el Perú" (Yarcán, año IV, Nº4, 1990). Cierra sus ojos para siempre el 26 de octubre de 1890 en San Pedro de Lloc. El 26 de octubre de 1964, nace la provincia de Antonio Raimondi, en el Perú. Desde entonces, el sabio peruanista vive en el corazón de aquella colorada tierra raimondina, para siempre.
Conmemorando estas fechas vamos a publicar un artículo de nuestro amigo y colaborador Wilfredo Pérez, y Canto a Huiragotza Raimondi, poema del editor.
wavita

 Pórtico del Colegio Nacional "Antonio Raimondi"-LLamellín
Ancash- Perú
foto: wavita
..ºº.. 

Evocando a Antonio Raimondi

Wilfredo Pérez Ruiz (*)

Un 28 de julio de 1850, arribó al puerto de El Callao el eminente sabio italiano Antonio Raimondi (Milán, 1824 – San Pedro de Lloc, 1890) huyendo de los horrores de la guerra por la independencia y unidad de Italia, para comprometerse en noble y fecunda misión que él mismo se impuso: estudiar y recorrer el territorio nacional hasta los últimos instantes de su vida.

      Según precisa Teresa María Llona en su libro “Raimondi y Llona”, el explorador milanés se sintió motivado a venir al Perú, al observar mutilar en el invernadero de Milán un “Cactus peruvianus” que atraía su admiración, porque amenazaba romper la estrechez de la techumbre y sus paredes transparentes que lo rodeaban. Sin duda, influyó en su decisión el considerar que nuestro país ofrecía amplias perspectivas por abarcar, su extensa geografía, todos los climas y haber sido poco investigado, no obstante su proverbial riqueza.
      En Lima, Raimondi fue acogido por el Dr. Cayetano Heredia, quien le encomendó la clasificación de las colecciones de geología y mineralogía del gabinete de química e historia natural del Colegio de la Independencia, posteriormente convertido en la Escuela de Medicina del Perú. Sin conocer bien la capital, le gustaba incursionar por sus alrededores buscando plantas desconocidas para clasificar cuidadosamente.
      El ilustre explorador inició sus primeas andanzas contando sólo con su propio peculio. Recién en 1858 recibió una asignación de 2,000 pesos anuales, por iniciativa del Parlamento Nacional, suma que en 1860 se elevó a 3,000 pesos, por considerarse necesario ayudarlo para afrontar los gastos. Así emprendió su viaje de más extenso recorrido que debía comprender millares de kilómetros -avanzando por regiones inhóspitas- debiendo bordear abismos y cruzar ríos tormentosos, sin contar con los puentes más primitivos para hacerlo. Dos años y medio duró ese peregrinaje inverosímil y apenas tuvo seis meses de descanso en Lima antes de emprender otro sumamente trascendente, que abarcó la parte central del país.
      Llegó por primera vez a la Cordillera de los Andes, ingresando hasta Vitoc y Chanchamayo, para retornar por la misma ruta un año después; internándose hasta Tingo María, dejando atrás la costa y la sierra. Documentó los yacimientos de carbón mineral del literal piurano, analizó el guano de las islas Chincha, verificó las reservas salitreras de Tarapacá, recorrió las remotas provincias auríferas de Carabaya y Sandia, navegó el Marañón, Ucayali y Amazonas, entre los ríos orientales más representativos.
      Luchador inclaudicable, marchó hacia su fin siempre orientado por el anhelo de revelar al mundo ese Perú con el que estuvo tan identificado, y al que entregó el esfuerzo de su existencia con desprendimiento. Luego de superar muchas adversidades, en 1874 apareció el primer tomo de su obra “El Perú”, dedicada a la juventud peruana, en donde escribió: “…Confiado en mi entusiasmo he emprendió un arduo trabajo superior a mis fuerzas. Pido pues vuestro concurso. Ayudadme, dad tregua a la política y consagraos a hacer conocer vuestro país y los inmensos recursos que tiene”. Este libro, que incluye descubrimientos, asientos mineros, haciendas de la costa y sierra, fundación de pueblos y ciudades, es un documentado recuento de nuestro admirable -y por aquel entonces poco conocido- patrimonio natural, cultural y social.
      Logró avanzar algo más en la publicación de sus trabajos; sin embargo, quedó sin redactar ni editar bajo su dirección muchos de ellos. Dejó numerosos libretas (algunas desaparecieron) conteniendo la recopilación de sus anotaciones sobre el paisaje natural que reconoce a su paso. Plantas, animales, insectos y minerales fueron colectadas; mientras medidas barométricas, observaciones meteorológicas y croquis precisos complementaban la información de las distintas regiones por las que pasó.De actitud serena y poco afecto a la exposición pública, Raimondi fue el principal referente científico de nuestro país durante la segunda mitad de siglo XIX. El legado intelectual y moral de este renombrado naturalista enciclopédico representa uno de los capítulos más hermosos en la historia universal de las ciencias naturales. La divulgación de su obra y su fe inquebrantable, se renueva entre quienes encuentran en su vida inspiración para conocer, comprender y, consecuentemente, despertar un genuino sentimiento de identificación con nuestra patria. Al recordarlo, debemos evocar sus palabras: “En el libro del destino del Perú, está escrito un porvenir grandioso”.
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(*)Docente, ambientalista, periodista, consultor en organización de eventos, protocolo, imagen y etiqueta social. http://wperezruiz.blogspot.com/


CANTO A RAIMONDI


Canto I

Si me voy de aquí
en una noche de Octubre,
si mis dibujos se quedan solos
dispón, entonces, mi Dios
que mis obras corran
la suerte del Perú.

Si me voy de aquí
de San Pedro de Lloc,
si mis pies se quedan fríos
dispón, entonces, mi Dios
que los chicos recorran
los caminos del Perú.

Si me voy de aquí
de mi segunda patria.
Si mi café se derrama
dispón, entonces, mi Dios
que mi cactus escale
los cielos del Huascarán.

Si me voy,
pueblitos empedrados;
si me voy,
casonas enlucidas,
dispongan
que los cántaros se llenen,
que mis huesos no se toquen,
si me voy de este suelo, Señor.

Canto II

Huarangos.
Cantos rodados
de cantarinos valles,
¡Callad! un instante
que por aquí pasó
Huiragotza Raimondi.
Quenuales,
apagadas chozas
de humeantes cumbres,
¡Mirad! un momento
que por aquí pasó
Huiragotza Raimondi.

Callecitas estrechas
de veredas derretidas,
casitas de paja o teja
de paredes de yeso
¡Recordad! un momento
aquella tarde mojada
con gotitas de tristeza
de Huiragotza Raimondi.

Canto III

Yo canto al lombardo
con la vida y el amor,
canto con humildad
al gigante
que desde los llanos del Po
montó las olas del Océano
para llegar a mi tierra colorada
con ternura de hijo
dulce y sabio.

Yo canto a aquella flor
robusta y noble
mutilada por crecer bella,
le canto porque fue la puya
de Antonio Raimondi.

Canto IV

Jaguares y cóndores
de mi Chavín milenario,
anunciad la entrada
del antipizarro;
que viene no con la espada
desenvainada
sino con un lápiz,
libretita en mano
y mucho amor en el pecho.

¡Abrid las puertas
de los templos!
Anunciad a los dioses
de los Waris y los Incas
a los manes de Yarcán y Tinyash
que ha llegado un enviado
de Virgilio
Un viajero de los cielos cisalpinos
y no para vaciar las entrañas
de nuestra Mama Pacha
sino con un mensaje
de paz
         amor
                  y trabajo.

WAVITA














martes, 22 de noviembre de 2011

A LA MEMORIA DE JEREMÍAS ARANA MELGAREJO


Walter A. Vidal Tarazona


El domingo 13 de noviembre se fue, sin despedirse, nuestro amigo Fillichu. Partió con su modestia y su contagiante sonrisa, con su dulce quechua a flor de labios para saludar al amigo, al paisano, para contarle una anécdota, para brindarle unas palabras de cariño, fuera de todo libreto, borboteadas solo de su corazón sincero.
Cuando supimos de su muerte, nuestra alma recibió un azote cruel, doloroso, no sólo por su partida a donde tendremos que ir en cualquier momento a seguir departiendo sus chistes y anécdotas, sino, pero más fuerte aún, por haber sido impedidos, por  la fría existencia sin vida de esta enmarañada urbe metropolitana que se llama Lima, de darle el adiós postrero al amigo entrañable, al amigo de infancia, al compañero de escuela.

Jeremías Arana Melgarejo, hijo de José Arana Guillén y Fredesminda Melgarejo Ariza,  casado con Bertha Asencios Villarreal de Chaccho,  nació el 30 de mayo de 1936; la vida le ha complacido dándole dos hermosas  hijas, Judith y Yolanda, y dos talentosos nietos, Joel e Ingrid.                                                    

Fillichu, como sabía hacerse llamar  por sus amigos, es ya un personaje en el corazón del pueblo llamellino, principalmente en nuestra generación de los 30  y 40, por su personalidad, ajena  a  poses absurdos de gran caballero; él, supo ser humilde y sincero, amigo de todos; para quienes lo queríamos tanto era muy difícil  identificarlo sin anteponerle  su apelativo, que le dio vuelo a la popularidad raimondina, heredado de su cariñoso tío con quien vivió en Llamellín, don Acucho Melgarejo. Inquieto hasta donde el podía darse a los suyosy amigos. Cuando niño, integraba la banda de músicos de la Escuela Pre Vocacional 343 de Llamellín tocando la corneta.  ¿Quién de su promoción no recuerda sus travesuras en los viajes de excursión a Huacaybamaba, Uco, en las visitas a Chingas, Aczo y muchos lugares más, siempre  pistón o corneta en mano?. Cuando llegó el momento de volar a Lima a buscar trabajo y estudio, lo hizo con ese mismo optimismo, que lo ubicó pronto en el Hospital del Obrero (Almenara) en la sección archivos, luego cirugía, en las cuales lo buscábamos para que nos ayudara en alguna gestión de emergencia. Jamás dejó la afición a la música, el huaino ancashino fue su pasión, jamás se desarraigó espiritualmente del terruño; nos enteramos (guardaba silenciosamente su secreto) que se matriculó al Conservatorio de Música. Tocaba el acordeón magistralmente. Tampoco fue ajeno a otras actividades como la carpintería, fotografía, que supo mixturarlas con otras de carácter social principalmente  con las que tenía vinculación a nuestra tierra adorada. Fue Presidente del Centro Cultural Llamellín, una de las más antiguas instituciones de provincianos en Lima.

No pudimos  aquietar nuestra desesperación por haber estado ausentes en su partida, hasta ubicarla a su hija Yolanda y expresarle nuestra condolencia. Al terminar nuestra conversación virtual, de intercambio de palabras de dolor fresco, ella pronunció esta frase de André Malreaux desempolvada para la ocasión del cofre de sus recuerdos: “guardo dentro de mí un museo de todo lo que viví y amé en la vida".

foto de Jeremías Arana M.

por cortesía de: Yolanda Arana