martes, 2 de junio de 2020

MISERICORDIA SEÑOR

Por: Alberto Cáceres Díaz 

          Era verano de 1957 y los tres hijos de Victoria, viuda, estábamos de vacaciones escolares y ya sabíamos atender el negocio de abarrotes, nuestra fuente de ingresos. Ella entonces aprovechaba para descansar y hacer una siesta de mediodía. El resto del año, con la ayuda de una empleada doméstica, atendía todos los días a su fiel clientela, desde el amanecer hasta bien entrada la noche. La excepción era el domingo que no faltaba a la misa de siete de la mañana en la iglesia de Santa Marta, a donde yo la acompañaba fiel y religiosamente. Los domingos, Victoria abría la tienda a las nueve de la mañana, pero cerraba después del almuerzo para llevar a sus hijos a algún parque que podría ser Selva Alegre o la Alameda de Tingo. A veces visitaba a sus primas, también en Tingo, quienes le ofrecían una cama para que descansara, mientras en la amplia casa, sus hijos jugábamos fútbol, esconde-esconde, trompos o algún otro juego con nuestros primos. Cuando llegaba la hora salíamos a contemplar el imponente tren que venía de Mollendo, o de la sierra, y que con ensordecedor ruido y sirena pasaba justo detrás de la casa de nuestras tías. Otras veces íbamos al Vallecito donde también visitábamos familia paterna y jugábamos con nuestros primos, a veces casinos, otras veces con patines que nosotros no teníamos. 

          El día 13 de enero de ese año Victoria no hizo siesta. El sastre, dueño de la casa frente a nuestra tienda, había prometido venir precisamente pasado el mediodía para hablar de la posible venta de su propiedad que incluía una esquina, a donde mamá pensaba que podía trasladar el negocio, pues el local que ocupábamos era alquilado y el dueño había anunciado su intención de terminar el contrato de arrendamiento. Nuestra relación con el sastre era casi familiar. Él tenía su taller precisamente frente a nosotros y su esposa era mamá de leche de mi hermano Ernesto. Así fue, cuando nació mi hermano, mi madre sufrió de paperas y la esposa del sastre, que acababa de dar a luz a su tercera hija, se ofreció para amamantarlo. Así, mi hermano tenía dos madres y una hermanita de leche a quien acogíamos como parte de la familia, así como mi hermano lo era en su otra familia. 

             Esa tarde, a las 2:15, yo me encontraba dentro de casa pero fuera de lo que era la parte central de nuestra vivienda, cuando la tierra empezó a temblar. No era un fenómeno extraño; de hecho, en esa zona de los Andes se viven con frecuencia y no nos alarmaba porque duraban segundos; luego volvía la calma. Pero aquel día, en poquito tiempo, el temblor se convirtió en violento terremoto acompañado de un aterrador y prolongado rugido que venía de la profundidad de la tierra. A mí me sorprendió en el al lado del pilón en el minúsculo patiecito que tenía la parte posterior de la casa. 

       Saltando de miedo, veía al lado mío una pared limítrofe de ladrillos rojos de reciente construcción que se zarandeaba como una hoja de papel al viento y temí que en algún momento los ladrillos serían arrojados hacia mí. Yo no tenía mucho espacio para moverme y me quedé temblando hasta que pasó el brutal remezón. Oficialmente duró más de un minuto, pero para mí fue una eternidad, la eternidad. 

        Pero esa eternidad dio paso a mi más escalofriante experiencia de mis escasos 14 años. Al ocurrir el terremoto yo estaba en la parte posterior de una construcción del siglo anterior que consistía de gruesas paredes de casi un metro de espesor hechas de bloques de sillar --lava volcánica petrificada-- que sostenían una bóveda de hasta cinco metros de altura. Estas bóvedas están hechas de bloques de sillar cortados en bisel que, encajados, forman el semicírculo y hacen que su propio peso dé solidez a la estructura, siguiendo el mismo principio de las catedrales de piedra del renacimiento europeo. En Arequipa muchas de estas construcciones son ahora reliquias históricas y turísticas, pues identifican una época y un estilo de construcción de cuando no existía el concreto armado ni el refuerzo de varillas de hierro como elementos de cohesión y solidez de las estructuras. Entonces el espesor de las paredes de sillares fuertemente ligados con cal y arena era importante. Muchas de las iglesias tradicionales de Arequipa ostentan este tipo de arquitectura. 

           Cuando me repongo del gran susto trato de entrar a la vivienda y todo lo que veo es una espesa y enorme nube de polvo blanco. No distinguía absolutamente nada pero al tratar de moverme por dentro de mi casa, un lugar que naturalmente conozco de memoria, tropiezo con grandes bloques de sillar, algunos tal altos que podrían llegarme a los muslos. Al llegar a lo que era el dormitorio de la familia, la nube de polvo se hizo más densa, pero con una extraña luminosidad, acentuada por el sol andino de las dos de la tarde y totalmente ajena al dormitorio. Buena parte del techo se había derrumbado aplastando nuestro modesto mobiliario, incluyendo camas; y particularmente la de mamá. ¿Y mamá? ¿No era esa su hora de siesta de verano? ¡Ay, Dios! 

- “¡Mamá, mamá, MAMAAAAA!” 

grité, pero mis gritos eran apagados por una increíble mezcla de ruidos que venían de todas partes. Saltando ciegamente por las dos habitaciones que me separaban de la tienda, logré llegar a ésta que también estaba extraña y terriblemente iluminada. Sigo llamando a mamá y no obtengo repuesta, hasta que logro salir a la calle. Veo gente arrodillada en el suelo, con los brazos en alto, mirando al cielo: 

           Misericordia Señor, 
           Misericordia Señor, 
           Aplaca tu ira, tu justicia y tu rigor, 
           Misericordia Señor. 

          También veo a mis dos hermanos y al lado de ellos mi madre, muda, inexpresiva, ojos medio desorbitados apuntando al cielo, pero de pie. Pasado un largo rato mamá recupera la conciencia, y la voz, y contempla su tienda y su vivienda destruidas. Milagrosamente, sus tres hijos estábamos ilesos, y juntos; nos abraza a todos juntos y da gracias a Dios. Pero una tarea de recuperación larga y penosa empezaba en esa fatídica tarde. 

            Ese terremoto, como otros lo hicieron antes, marcó la ciudad. Hubo muchos muertos y heridos y muchas viviendas destrozadas. 

miércoles, 8 de abril de 2020

¿CARACINO CARLOS EDUARDO ZAVALETA?

Escribe: Carlos  Garay Veramendi        

      Sobre este tema peliagudo, tratándose de un personaje ancashino de mucho lustre, la mayor luminaria de Áncash en el campo de la literatura, vamos a travesear con cautela y ensayar reflexiones para precisar el porqué se consideraba caracino, el seguidor de Faulkner y  Joyce; maestros en la técnica literaria: “flujo de conciencia”.

Carlos Eduardo Zavaleta en el  I Encuentro de Integración Cultural 
Ancash, Huánuco y Ucayali, acompañado por el editor de este espacio virtual.
 Huari 2009.


       Carlos Eduardo Zavaleta, ex-maestro prestante y respetado de la Decana de América, y escritor notable, nació en La Pampa-Corongo, Callejón de Conchucos; era pues un chuquisito y de los buenos y respetables, como: Wilfredo Kapsoli, Ciro Maguiña Vargas, Manolo del Castillo, y el también “simpaticón” cholo Toledo, aquel ingrato que nos dio las espaldas en sus horas de gloria y poder político al olvidarse de la Región. Pues Zavaleta, como nos consta, jamás se consideró chuquisito, sino caracino.

       En la revista “El Inca” 294, Caraz, del mes de abril del año pasado, cuyo director, Rómulo Pajuelo Prieto, aparece un artículo interesante y, a la misma vez, controvertido: “Las cenizas del Dr. Carlos Eduardo Zavaleta”. En el encabezado expresa el articulista con mucha claridad: “...cuando alguien quiso poner en cuestión sobre el lugar que biológicamente era oriundo (La Pampa-Corongo)”, Carlos Eduardo Zavaleta, sentenció: “El hombre es del lugar donde quiere ser, y yo soy de Caraz”.

     Hay dos posibles explicaciones, al parecer, para la réplica tajante del ínclito escritor ancashino. La primera, la más corrosiva. Es probable que tuviera repulsión a que le dijeran chuquisito de declararse coronguino; por la cultura de libelo que aún reina en el Callejón de Huaylas. Siempre han tratado de endilgarle a los chuquisitos los chistes más burdos, y mal copiados de pueblos sureños, para signarlos con letras resaltadas, como a tontos de capirote. Y la segunda, Carlos Eduardo vivió en Caraz los tiernos años del candor humano, la niñez. Bella época con recuerdos que quedan tatuados para siempre en la tierna corteza infantil de la memoria, para posteriores ricas remembranzas. Lo que le permitió adoptar a Caraz, sin mínimos remilgos y muy gustoso, como su tierra natal.

      La Constitución Política del Perú, en su artículo 2, inciso 11, declara a la letra: “Toda persona tiene derecho: A elegir su lugar de residencia...” Pues Carlos Eduardo Zavaleta eligió para su refugio a la Ciudad Dulzura, y lo patentó como su suelo natal. Ellos, los caracinos -es de creer a pies juntillas- se sienten dichosos, como los mismísimos guapachosos sapitos en el humedal, de contar entre los suyos con un varón insigne que les aporta reputación, notoriedad y gloria. Él dijo: “El hombre es del lugar donde quiere ser, y yo soy de Caraz.” Y punto.




El autor, en medio de sus parientes y amistades, 
en Chiquián  de  sus  recuerdos y amores.




Carlos Garay,  autor de la nota, en  la hermosa casa  de sus tíos, señor 
Pablo Vásquez y Sra.  Lía Veramendien  Chiquián.









viernes, 27 de marzo de 2020

Los rechonchos burritos de Taita Ramos

Walter Vidal Tarazona

     
     Entre las estampas que engalanaban el escenario costumbrista de la Semana Santa en mi tierra colorada, Llamellín, están –aunque tan solo en nuestro recuerdo- los burritos de “Taita Ramos”.
El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa en todo el mundo católico, también, por su puesto, en Llamellín. Precisamente, las palmas batidas al aire por grandes y chicos significaban la triunfal entrada de Jesús a Jerusalén.
Las frescas y verdes palmas eran llevadas por valerosos jóvenes voluntarios desde las entrañas mismas de la ceja de selva, desde un lugar denominado Balcón de Judas. La extracción de las palmas la hacían en total silencio, de lo contrario empezaba una tormenta espantosa en el cielo y en la tierra.
La muchedumbre que acompañaba al Taita Ramos batían al viento esas palmas, sin manipularlas, menos para tejer adornos con ella como se observa hoy aquí en la Capital.
La entrada de Tayta Ramos montado en uno de sus burritos, desde la quebrada de Paqtsaraqra, a la plaza, y posteriormente, ya en hombros de los devotos, hasta su altar en la Iglesia Matriz, hasta el próximo año. Este acto religioso se llevaba a cabo con total fe y entusiasmo.
Sin embargo el “personaje” típico, pintoresco, era pues uno de los dos burros rechonchos que caminaban soportando a las justas sus propios pesos del cuerpo. Uno –el menos pesado se diría- de esos dos burritos era el escogido para cargar a Nuestro Señor.
Estos pollinos nacieron afortunados para caminar libres por las calles, y campos, haciendo “daños” en las chacras sin que los dueños pudieran botarlos, so pena de ser castigados con una mala cosecha; al contrario, quienes permitían que se alimenten de sus cultivos tenían buenas cosechas.
Días antes del Domingo de Ramos, el Tesorero y los Mayorales, salían en busca de los pollinos para bañarlos y adornarlos con flores silvestres para que carguen a Taita Ramos en procesión hasta la entrada a la Iglesia Matriz de la Tierra Colorada.
Dudo que hoy estén todavía mostrenqueando por Jira o más abajo. Porque arriba, por encima de Llamellín, ellos ya no se atrevían a hacerlo por el peso de sus cuerpos por la gordura.

viernes, 8 de noviembre de 2019

La Marcha de Sacrificio a Lima de 1960

Walter Arsenio Vidal



             Empezaban los 60. El país pasaba de una economía agro-exportadora a una economía minero-exportadora más diversificada, al tiempo que salía fácilmente de la crisis económica del 58, gracias al alza de los precios del algodón y del azúcar y no a la intervención del FMI. Sin embargo el país entraba a una crisis política creada por el mismo gobierno
             El 8 de abril de 1960 se promulgó la ley universitaria  13417 que por un lado expandía el sistema universitario con la creación indiscriminada de universidades de escasa calidad académica, pero, contrariamente, por otro lado, le quitaba la categoría universitaria a la Escuela Normal Superior (ENS) “Enrique Guzmán y Valle”.
Naturalmente nuestra Escuela -profesores, alumnos, padres de familia y población de Chosica- rechazó tremenda prepotencia y abuso de la política legislativa.
El jueves 21 de abril el diario “La Prensa” informaba: Encargan Dirección de ENS. “El Comercio” daba cuenta que la Federación Universitaria de San Marcos (FUSM) había decretado una huelga indefinida en apoyo a la ENS. El Presidente de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) anunció un paro de 24 horas en apoyo a La Cantuta. Los profesores de educación primaria, secundaria y técnica pedían la renuncia del ministro de educación y del director de educación normal. La fuerza policial que rodeaba nuestra Escuela intensificaba el cerco para impedir el ingreso de víveres.
          Aunque ocurrieron hechos dramáticos muy lamentables durante los días del cerco policial, nuestro comportamiento fue extraordinario, lo tomamos con bastante calma e inteligencia, no faltaban hechos anecdóticos que nos sacaban de nuestra seria preocupación, como el discurso de nuestro compañero Futuri Cuturi en la Asamblea que discutía la marcha de sacrificio, Futuri dijo: “¡Compañeros, no estamos solos en nuestra lucha; estamos rodeados...!”.
Pero el cerco aislaba el conflicto, y en esas circunstancias era difícil expandir la lucha, por lo que la Asamblea súbitamente acordó la Marcha de sacrificio a Lima. Esa misma noche, del jueves 21 de abril, emprendimos la caminata hacia Lima. La población de Chosica se enteró rápido y nos dio una despedida muy cálida, muchos nos acompañaron hasta cierta parte y algunas madres de familia marcharon hasta Lima. A las 2   y minutos de la madrugada acampamos a la altura de Ñaña. El campamento habían organizado los dirigentes de la FEP, FUSM, de la Universidad Católica, Asociación de Centros de Ingeniería y de Agronomía.
A las 5.15 a.m. seguimos avanzando hasta Santa Clara, donde desayunamos y descansamos media hora. A las 9.15 a.m. estábamos en Vitarte y a las 11 nos detuvimos a la altura de Santa Anita. Diversas instituciones distribuían bebidas, frutas y otros alimentos desde sus camionetas y automóviles. A las 12 del día llegamos a Hierbateros; el Coronel Muente y el Prefecto de Lima, permitieron el paso de los profesores, alumnos y madres de familia. Silenciosamente ingresamos a Lima, por ambos lados de la pista de la Avenida Grau, hasta Abancay, donde nos dio encuentro el grueso de los estudiantes de San Marcos, Ingeniería, Agronomía, La Católica y Bellas Artes.
El grupo de manifestantes creció en algo así como cuatro o cinco mil estudiantes,  que rebasó el Patio de Derecho de San Marcos. Al pasar Frente al Ministerio de Educación, todos los manifestantes gritaban “Cueva de ladrones”, “Sepulcro blanqueado”. Al fin, después de 16 horas de marcha ingresamos, al Gimnasio de San Marcos, siempre en medio de aplausos. En una actuación improvisada el Presidente de la FEP Oscar Espinosa dijo: ...“habéis escrito una página brillante de la historia de las luchas estudiantiles […] hecho que no se había registrado jamás en el Perú”. El Presidente de la FUSM, Campos Lama, dijo “América en estos días ha contemplado dos cuadros diferentes con relación al movimiento de los estudiantes: en el pueblo hermano de Venezuela el estudiantado ha salido a defender al Gobierno que ellos creen representa genuinamente la voluntad de las mayorías populares; y en el Perú estamos viendo cómo el Gobierno arroja a los alumnos de su propia casa”. Finalmente el Presidente de la Federación de Estudiantes de la ENS (FEENS), Rafael Urrunaga, dijo: “hemos tenido que abandonar la Escuela porque ha dejado de existir…”.
Después de la ceremonia se sirvió un almuerzo preparado por las alumnas de San Marcos y La Católica, que consistió en una ensalada, huevo duro, fruta y refresco. En la noche, la mitad de los alumnos pernoctaron en  el piso de madera del Gimnasio, algunos durmieron en el local de la Ciudad Universitaria, otros recibieron ayuda de sus comprovincianos en Lima y durmieron en un hotel o en su casa.
Para no extenderme demasiado, ahora permítaseme, plantear solo algunas líneas de reflexión a manera de conclusiones:

1.          Este hecho que estamos conmemorando ES PARTE DE AQUEL PROCESO PEDAGÓGICO QUE VENIMOS LLAMANDO “EXPERIENCIA CANTUTA” desarrollada en un sistema integral de formación.
2.          De esta primera conclusión podemos deducir varias premisas, por ejemplo una: para hacer un cambio en el Perú hay necesidad de luchar y eso implica violencia. Dos: para enseñar-aprender, el maestro, en algún momento,  tiene que salir de su aula.
       El hecho que conmemoramos se circunscribe en un marco de VALORES HUMANOS, como LA DIGNIFICACIÓN DE LA CARRERA DOCENTE.
       Finalmente, es preciso inscribirlo en un proceso más amplio que la mera evocación casi nostálgica de las promociones 1960, 61, 62.    Creo que no se ha investigado este hecho histórico-educativo ocurrido en el Perú con suficiente profundidad para hacer planteamientos de mejora de la educación peruana.
                  Muchas gracias por  su paciencia.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA.- Walter A. Vidal. Mi pueblo querido (p. 274- 278): La Cantuta: Mi oasis espiritual.


miércoles, 30 de octubre de 2019

Feliz Cumpleaños "Antonio Raimondi"


Por WAVITA

Un 26 de Octubre, pero de 1890, murió el peruanista Antonio Raimondi en San Pedro de Lloc. Un extranjero que vino al Perú y dejó sus obras de investigación y sus huesos aquí en su segunda patria a la que amó mucho.
Un 26 de octubre, de 1964, nació la Provincia de Antonio Raimondi. El Perú, al dar el nombre del sabio italiano a una de sus provincias de reciente creación, quiso agradecerle por  lo muchísimo que hizo por el país. Raimondi se merece mucho más que la perennización de su nombre en una provincia. Raimondi es uno de los pocos extranjeros que no vino a hacerse rico. No se llevó ni un alfiler como lo hizo la mayoría de extranjeros que vinieron a explotar los recursos de nuestro país: invitado por los chilenos a dejar el país e irse a Chile llevando sus estudios y sus muestras, durante la guerra del Pacífico; él dijo: “Son del Perú, que corran la suerte del Perú”.
- - . - -
Llamellín, capital de la entonces flamante Provincia de Antonio Raimondi, es un pueblo muy antiguo. Atestiguan los restos arqueológicos de Yarcán, Tacshamarca, Pará, Manrish ya desaparecido y muchos lugares arqueológicos más...
... Y hablando de restos arqueológicos, cabe recordar a Raimondi, cuando encontrando saqueadas el santuario de Chavín, Exclamó: “Da lástima  ver  que las autoridades del lugar no hayan podido impedir la destrucción de tan importante monumento... ¡Esto da cólera!”.
¿Por qué sito esto?
Porque a nuestras autoridades siguen sin importarles un comino nuestra cultura...
En su camino de Ruris a Llamellín  Raimondi anota : “El pueblo de Llamellín es grande y la mayor parte de las casas tienen paredes blanqueadas, [... ] “la escuelita está en deplorable situación”, y la mayor parte de sus habitantes dedicados a la agricultura, principalmente al cultivo del trigo, cereal que “exportan a Cerro de Pasco”. Aquella época en Llamellín no faltaba la “deliciosa raspadilla” a pesar de que no se veía cumbres nevadas cercanas, pues eran hechas de las nieves subterráneas  del cerro de Rajush.
Los habitantes se dedican a la agricultura y principalmente al sembrío del trigo, producto que exportan hasta Cerro de Pasco. El pueblo de Llamellín tiene bastante terreno cultivado, pero éste no puede producir todo lo que debería dar, debido a la falta de agua, la que en el mes de agosto casi no es suficiente ni para usos principales de la vida diaria. En Llamellín crece buena alfalfa, pero escasa porque son pocos los que la cultivan.”
Se sintió preocupado por la imposibilidad de usar las aguas del río Marañón debido a la altura de Llamellín desde el lecho del río que apenas está a “3 leguas de distancia”.
Raimondi, que experto mineralogista, nos hace reflexionar  que nuestra principal fortaleza está en la agricultura; cerca del 40% de la población depende exclusivamente de la agricultura.  Ayer el maíz, la papa, después el trigo cuando vino de Europa, hoy nuevamente el maíz en su forma de choclo. ¿Qué hacer con la falta de agua?. Sembrar en micro represas en época de lluvias, traer las aguas del Marañón o Puchca, si en época de Raimondi era imposible, ahora ya tenemos la tecnología: Hagamos que sirva para algo este conocimiento, hijastra de la ciencia.
Una segunda fortaleza puede ser su Potencial Turístico, por su gran variedad de expresiones culturales, como el folklore, tradiciones festivas, trabajos colectivos basados en el principio de reciprocidad como la minka y el trueque, la gastronomía,  la riqueza arqueológica y paleontológica, su belleza paisajística  principalmente entre los meses de octubre y abril por el período de lluvias.
Otro elemento de atracción turística puede ser su Taller Artesanal que tiene gracias al padre Jorge Nonni, quien amó a  nuestra Provincia como Raimondi amó al Perú; actividad que puede resultar mejor en la lucha contra la pobreza que los Programas del Gobierno Central que parece ser contraproducentes  (tesis de Nélida Silva-PUCP) porque enseña a la gente a depender de productos que no produce su suelo.
        Las debilidades están en la siempre limitada capacidad de gestión del desarrollo local y de organización institucional, escasa participación ciudadana para transparentar por ejemplo la gestión del gobierno local; deficiente infraestructura vial y productiva como  riego; y finalmente  la falta de cohesión entre los distritos.

viernes, 13 de septiembre de 2019

LITERATURA WÁLTER VIDAL TARAZONA: FRUCTÍFERA Y PRODUCTIVA EXISTENCIA.

Por LUIS ALBITRES MENDO




 Wálter Arsenio Vidal Tarazona (Llamellín, Ancash, 1937), escritor ancashino ya presentado en anterior reseña. Sumamente jovial no obstante los males que padece, se violenta a sí mismo y reinventa su salud a cada instante.

Y eso tiene su causa y razón: A punta de creación tras creación e investigación constante en su biblioteca personal, dedicando todas sus energías a la escritura.

Actualmente está finalizando una voluminosa novela con grandes rasgos autobiográficos, tal como es su característica principal en poemas, narraciones y ensayos.

Siempre salen a luz resquicios de su fructífera y productiva existencia. Por ellos nos enteramos de sus momentos felices y tristes, en suma, el transitar por la vida de un hombre sensible e inteligente.
Como todo auténtico maestro, de inclinación política progresista y eminente atención por la problemática de su pueblo. Siente verdadera pasión por los asuntos históricos y educativos de Llamellín, con visión cuasi perfeccionista por abarcar y captarlo todo, sin que se le escape detalle alguno, preocupándose especialmente por el agro y la educación de Ancash, su entrañable región.


Después de publicar muchas obras de texto, orientadas a los estudiantes de la Universidad Nacional del Callao, donde era un destacado profesor universitario, sorprende con obras experimentales en poesía y narración, sobresaliendo su libro “MI PUEBLO QUERIDO, en prosa y en verso” (ya reseñado), célebre por su proclividad a investigar a fondo la historia completa de Llamellín, una de las claves de su producción literaria.

También fue relevante un libro colectivo de poesía, narraciones y ensayo publicado por Walter Vidal Tarazona y cuatro amigos codepartamentanos más, todos escritores muy conocidos: Antonino Vidal, Elmer Neira, Juan Rodríguez Jara y Carlos Garay Veramendi. La presentación de este libro se realizó en el ilustre Club Ancash.


EL DERECHO DE INDIGNARNOS

He aquí sus propias palabras, en las concisas, sabias, proteicas y  sagaces respuestas a la siguiente entrevista:  

Tu espíritu jovial, con un estupendo humor, te salva por suerte, de las melancolías y depresión que podrían traerte las limitaciones del cuerpo, pero exactamente, Walter, ¿Cuál es tu secreto para mantener ese espíritu jubiloso y a la vez crítico, que te caracteriza, ya en las redes sociales, en revistas culturales, en tus libros o en reunión de amigos?

- Hemos nacido no para sufrir siempre, ni estar deprimidos toda la vida. Estamos en este mundo para estar alegres de lo que somos y tenemos. Sin embargo, el cotidiano vivir no es fácil, más cuando quieres vivir en paz sin molestar, ni sin que te molesten, o cuando no puedes evitar que los encargados de cumplir y hacer cumplir las normas de convivencia social son los primeros en infringirlas. Es que el(los) otro(s) no piensan como uno; es cuando te nace la indignación. Así como se nos ha dado el derecho/obligación de vivir en paz y feliz, también tenemos la obligación/derecho de indignarnos: la indignación es pues un arma que se nos ha dado en forma natural y tenemos que usarla para exigir el respeto mutuo para la buena convivencia social y humana.

La indignación tiende a desbordarse cuando se echa de cabeza todo valor humano. Nos indignamos también porque no está a nuestro alcance superar las limitaciones personales físicas, mentales como espirituales.

Es en este contexto socio psíquico que tengo que equilibrar, buscando el justo medio aristotélico: mi preocupación, a veces melancólica y hasta depresiva, con mi necesidad de rabia (resultado de mi espíritu crítico- reflexivo y atento a la indignación); o sea, equilibrar la alegría de vivir y la indignación natural. Pienso que no necesariamente tenemos que estar acompañados de la melancolía por nuestras limitaciones y otros motivos; aunque necesitamos  una pizca de melancolía para  hacer que nuestra indignación no se violente tanto, o sencillamente para seguir produciendo.

EL DESARRAIGO PARA EL SER HUMANO, UNA FRUSTRACIÓN
RETORNAMOS SIEMPRE ASÍ SEA SOLO PARA CONTEMPLARLA Y ENCENDER  CON ELLO LA  EUFORIA
                                                                                  
-Esa actitud festiva que seguramente te viene de tu linda tierra, de tus ancestros andinos... ¿No crees que también ayuda para mantener a raya las limitaciones corporales que podrían aquejarte?

- Creo que tiene razón Neruda cuando dice: “[...] el desarraigo es para el ser humano una frustración que, de una u otra manera, atrofia la claridad de su espíritu.” Así como los tallos maduros alimentan de su sabia las ramas, flores y frutos, también la  tierra alimenta nuestra mente con su espacio físico, su aire, sus seres en sus tres reinos, incluyendo al hombre: nuestros ancestros que nacieron, vivieron y murieron allí. Por eso nunca nos olvidamos de nuestra tierra, retornamos siempre así sea para contemplarla.

CONTRA EL OLVIDO: RECONOCER Y ENSALZAR A LOS QUE AMARON A LA PATRIA CHICA
 - Se nota, con albricias, al leer tus brillantes reseñas,  que en ti bulle el amor a la tierra y por ello elogias con muchísima razón a los pioneros de tu ubérrima tierra que la han exaltado o brillan con luz propia en los diferentes campos, como educación, política, economía, cultura, arte, etc.

- Una forma de amarla, seguramente, es reconociendo y ensalzando a los que entregaron su vida al servicio de su patria chica. Por eso abrigo el deseo de que las autoridades locales perennicen sus nombres dándoles a las calles y sitios del lugar donde  nacieron. Antes de que el pueblo se olvide de ellos.

MIENTRAS SIGAS CREANDO JAMÁS ESPERES LANGUIDECER
POR SUPUESTO EL SISTEMA DEBE CAMBIAR

-Leyendo algunos de tus sesudos comentarios en las redes sociales se nota a las claras las reflexiones del catedrático universitario que nunca dejas de ser. ¿Esperas algo bueno de la sociedad y de este sistema que nos oprime?

-La docencia como medio de vida –desde primaria a niveles de postgrado- y las ciencias económicas como conocimiento, son aspectos a los cuales tengo que agradecer. Mis lecturas, mis reflexiones críticas sobre ellas, y mis aprendizajes que recibo en las reuniones con amigos, a quienes sé escucharlos felizmente, han sido y son muy útiles en las aulas y hoy fuera de ellas para expresarme y seguir reflexionando hasta que se apaguen   mis facultades mentales.

Como no hay nada que no cambie, y esta sociedad y este sistema que, en teoría, se basa en la democracia, pretende no evolucionar o mejorar continuamente, como parece suceder por temporadas, entonces yo no espero nada bueno, al contrario me pongo en determinadas circunstancias al lado de los que están con el anti sistema.


LA EDUCACIÓN, ÚNICA TABLA SALVADORA

 -Siendo un maestro como tú, en breves palabras, ¿Cuál es el planteamiento para mejorar la educación en el Perú, rubro tan venido a menos últimamente por causas políticas que no tienen nombre, siendo la educación tan esencial para el desarrollo y prosperidad de un país?

-No me canso en afirmar que la educación es la única tabla salvadora que le queda al hombre para supervivir, si así quiere hacerlo. La educación implica mejorar integralmente al hombre, y se deberá empezar por el docente,  de todos los niveles. La calidad total u óptima calidad  de la educación va a depender básicamente del maestro. Hagamos primero del docente un líder de primera calidad. (No “profesor de calidad”: término ambiguo que está de moda en la boca hasta del ministro de educación). Después diseñemos los currículos para todos los niveles y regiones  con contenidos sabios, finalmente dotemos de la infraestructura física como se merecen los docentes, los alumnos y padres de familia.

ÉTICA Y LIDERAZGO, AUSENTES EN LA POLÍTICA PERUANA


-Me parece que uno de los puntos débiles de la izquierda peruana es el hecho que viene repitiéndose a través de los años: la auto división, los infinitos liderazgos autoproclamados. ¿Por qué están ausentes la unión y la disciplina, factores de tanta trascendencia en la construcción de la democracia y el cambio social?

-Lo que hay es la ausencia de la moral y la ética. En este sentido no hay mucha diferencia, salvo en grado de culpabilidad, con otras agrupaciones de derecha. Jamás habrá unión mientras prevalezcan los apetitos de poder personal, y para que haya disciplina se necesita un liderazgo (no en la cabeza del grupo político sino al medio) y normas de cumplimiento obligatorio.

BUSCAR LA EXCELENCIA EN UNO MISMO, ES LO PRIMERO

-Para ti, Walter, a tus ochenta y tantos, ¿Ya has descubierto el verdadero sentido de la existencia?

-Creo que el verdadero sentido de la vida nos dan: la educación, la filosofía, las ciencias, pero básicamente la fe; pues pedir estos conocimientos sistematizados, para el 90% de la población humana en el mundo, es utópico; pero sí se puede pedir la fe, tal vez también, los valores axiológicos, estéticos, sociales. Entonces: El desarrollo  y la formación, al buscar esa calidad de excelencia en uno mismo, primero,  son elementos que te ayudan a hacerte feliz y hacer feliz a los demás. Creo que allí está el verdadero sentido de la vida.---.


martes, 16 de abril de 2019

SEMANA SANTA DE AYER

Walter A. Vidal.
            
      Denominamos así a esta semana especial del calendario, que empezó ayer, Domingo de Ramos, y terminará con la Vigilia Pascual, el Domingo de Resurrección. Es una fecha de meditación para muchos creyentes, especialmente católicos. Lo es para mí también; porque Cristo no tiene sentido sin una profunda reflexión por lo que hizo en vida y por las huellas, que con su muerte, ha dejado en la espiritualidad humana. Mucho más teniendo en cuenta que, entre los más grandes historiadores del mundo, poquísimos son los que se han ocupado de Jesús de Nazaret,  y lo han hecho en pocas líneas solamente. ¿Por qué?
      Yo pienso ocuparme de Él en mis meditaciones, estos días de la Semana Santa.
      Dicho eso, lo que quisiera es remontarme, en alas de mis recuerdos, a mi niñez en una de aquellas semanas santas de mi querida tierra colorada. Quiero traer –recordar es vivir, dicen- al presente sólo dos vivencias, que seguramente me han marcado, en lo personal, un sello intensamente espiritual: El Domingo de Ramos y el Viernes Santo.

Los burritos de Taita Ramos
      El Domingo de Ramos, mi pueblo, también escenifica la entrada de Jesús a Jerusalén, con una ceremonial caminata desde la quebrada de Paqcharacqra hasta la iglesia, que está en la parte más visible de la plaza. Grandes y chicos baten las frescas y hermosas palmas, enteras, acompañando al Taita Ramos en su triunfal entrada a la plaza, sentado en uno de sus dos rechonchos burros.
       Antes de ocuparme de los burritos del Tayta Ramos, quiero decir algo sobre las frescas y verdes palmas, relacionado a su procedencia. Estas hermosas y grandes ramas eran traídas por valerosos jóvenes voluntarios desde las entrañas mismas del Balcón de Judas, un lugar en la ceja de selva. Su extracción la hacían en total silencio, por la amenaza que natura pendía sobre sus cabezas: una feroz tormenta, en caso que no guarden absoluto silencio desde el momento que ingresan al pantanoso terreno. Ya fuera del lugar, cada cual hacía su bulto amarrando una cantidad de ramas para cargar. Después de tres días de caminata llegaban, al fin, al pueblo, cada uno con una cantidad de palmas amaradas con mucho esmero.
      Esas vistosas palmas, hermosas y verdes, la muchedumbre las batía al viento, sin manipularlas para tejer adornos, como hoy se observa,  aquí, en Lima, con las amarillentas y pequeñas palmas, y que son bendecidas en la misa por el sacerdote encargado de celebrarla (Yo en lugar del sacerdote haría que desaten para bendecirlas).
      La entrada de Tayta Ramos montado en su burrito, desde la quebrada de Paqcharacqra a la plaza, y posteriormente en hombros, hasta la Iglesia Matriz,  se llevaba a cabo con  fe y entusiasmo, con incienso por delante, entre cánticos y alabanzas al Señor. Sin embargo el “personaje” típico, pintoresco, era uno de los dos pollinos, que caminaba a las justas por su extremada gordura. Estos pollinos nacieron afortunados para caminar libres por los campos, haciendo “daños” en las chacras con los sembríos, sin que los dueños pudieran botarlos, so pena de ser castigados con una mala cosecha; al contrario, quienes permitían que se alimenten de sus cultivos tenían buenas cosechas. El peso de los dos burros se debía, entonces, a la creencia de no tocarlos cuando visitaban sus chacras de maíz. ¡Provecho!
     Días antes del Domingo de Ramos, el Tesorero y los Mayorales, salían en busca de los pollinos por los alrededores del pueblo, por la parte baja, pues a las partes altas no podían subir por su peso corporal. Una vez ubicados el par de mostrencos, eran llevados a la casa de los responsables de la festividad para ser bañados. El Domingo, temprano, al feliz elegido para que cargue al Señor –se supone el menos pesado- lo adornaban con vistosas flores silvestres y cintas de colores;  este último acto, de ataviar al animal, lo hacían ya en Paqcharacqra, lugar donde la gente ya estaba concentrada para emprender la marcha con dirección a la plaza, acompañando al Señor, con el liderazgo del sacerdote. Tayta Ramos iba encima del burrito sujetado por dos feligreses a los costados del feliz animal, entre cánticos y oraciones y encima de un alfombrado de pétalos de rosa blanca en el camino.
     El trabajo del feliz burrito finalizaba en las escalinatas que subían al atrio de la iglesia, pues a partir de allí, Tayta Ramos entraba a la iglesia en su anda, en hombros,  y con vítores del pueblo, con cohetes y avellanas que retumban en el Pahuacoto, cuyo eco reproducían los otros dos apus: Manrish a Mallallín.
      El burrito, bien aseado y oliendo a incienso, así adornado, era soltado para que vaya en busca del otro mostrenco y seguir caminando hasta el próximo año.

La Desclavación
     Recuerdo que, aun pequeño, con la carita entre cirios de la fría noche del Viernes Santo, íbamos en procesión con mi madre, al costado de la Virgen Dolorosa, entre matracas y cantos agudísimos de las mujeres devotas de mi tierra colorada, que retumbaban en el Pahuacoto, antes de perderse en la oscuridad de la noche.
    No había entonces luz eléctrica. Por eso mismo la noche era noche; era hermosa, y el Viernes Santo era especial, por el rosario de velas, cirios y ceras que alumbraba sus principales calles. Sin embargo, me entristecían las lágrimas, que rodaban por las mejillas de las piadosas damas, pues gracias al suave viento, que movía las mantillas de luto, me dejaba ver, por ratos, las caras de cera seguramente heladas por el frío. También lagrimeaban los cirios en las manos de todos los acompañantes. Lo mismo pasaba en mis manos.
     Desde el día miércoles, los priostes o responsables de la celebración del Viernes Santo, repartían, entre las familias del lugar, la miel de Semana Santa, preparada de caña de azúcar y melocotones, para comprometerlas a que les acompañen en la procesión del Señor, que salía en la noche, después de la Desclavación que se realizaba en la iglesia.  
En este acto, cuatro “Santo-Varones” salían a desclavar a Cristo de su cruz. Dos de ellos, uno a cada lado de la cruz, subían cada uno con su escalera, con sus martillos para bajar, uno por uno,  la corona de espinas, la túnica, los clavos, todo debajo de la cruz; y los dos varones que ayudaron con las escaleras, eran los encargados de dar esas preciadas prendas a los “angelitos”, niñitos o niñitas vestidos de blanco que recibían dichas prendas para sacarlas en la procesión. Finalizada la Desclavación, el cuerpo del Jesús era llevado por los cuatro Santos Varones a su sepulcro de madera que pesaba un poco más que una tonelada, con los cirios y las flores encima.  El Santo Sepulcro salía primero de la Iglesia; y, a la distancia de media cuadra recién, salía el anda de la Virgen Dolorosa.            Estoy dejando involuntariamente dos actos o hechos importantes: el primero es la realización de las “Tinieblas”, el acto se producía cuando todo el mundo apagaba su cirio, vela, cera, etc. y la iglesia quedaba en oscuridad absoluta; el segundo, venía en seguida: aparecían por allí entre los feligreses, la mayoría damas, unos chicos blandiendo sus cerotes. El cerote consistía en una pelotita de cera hecha en una de las puntas de un hilo fuerte. Esta pelota de cera caía, como por manos de magia, en las cabezas descubiertas o apenas cubiertas por un velo negro, de las damas, en muchos casos hasta sacarles sangre. Recuerdo años más tarde, cuando era ya casi un jovencito, expecté un cerotazo hecho por un amigo en la cabeza de una pobre mujercita, que el dolor la hizo gritar: “Ananauu Diabluuu”, en plena canción del emblemático himno de Viernes Santo.
     Ya fuera de la iglesia, en el recorrido por las calles de las dos imágenes, la más acompañada era   el Santo Sepulcro, cargado por doce personas, que iba por delante de nosotros,;en ambas filas, entre los acompañantes del Señor se notaba la presencia también de uno que otro caballero. Las luces del desfile procesional se podía ver desde Mallallín al norte y Manrish al sur,  y desde el Pahuacoto por el oeste. 
      Pero quién es Jesús, cuya muerte es recordada, cada Viernes Santo, desde hace dos mil años. Muchos se solidarizan con su dolor, haciendo ayuno y abstinencia. ¿Cómo se puede explicar que, pese a la tremenda distancia temporal, hoy más que nunca está vigente su mensaje de amor, está vigente su sacrificio por redimir al Hombre? A muchos, creyentes en Cristo, como que nos dice en nuestros oídos: “no te preocupes Yo voy a morir por ti”.  Está hablando no de la muerte como camino a la nada, como negación de la vida, sino de muerte como continuación de la vida en la eternidad. Gracias a Él,  mejor dicho, al amor, somos merecedores de la vida eterna. Pero para eso tenemos que luchar por destruir el mal, que en nuestro tiempo y lugar, el más pernicioso es la corrupción. Si no luchamos por desaparecer o aminorar es que estamos esperando que nuevamente venga y se inmole. Y los corruptos salgan liberados. No es justo. También nosotros sacrifiquemos un poco nuestras preferencias o prioridades egoístas. La vida es corta, no merece desperdiciarla haciendo daño al prójimo. Hay que vivir en paz y amor.
Wavita