miércoles, 22 de junio de 2011

De Llamellín a Chiquián con Palpitar del Ande.

Chiquián, más que un espejito, es un pedacito de cielo...
foto después de la presentación de Palpitar del Ande en el auditorio del Palacio Municipal



Camino a Llamellín ...




... el río Puchka












La ciudad de Llamellín, capital de la provincia Antonio Raimondi













Carlos Garay subiendo de la quebrada de Cancanán













Monumento de Antonio Raimondi en la puerta del colegio, que lleva el nombre del sabio italiano.






Después de la exitosa presentación en Lima, el pasado mes de febreo, de Palpitar del Ande. Relatos y poesías, en el Club Ancash, decidimos con Carlos Garay, dos de los cinco coautores del libro, llevarlo también a nuestras tierras, allí donde están los paisanos citadinos. Fue así como en mayo nos juntamos en Huaraz , y desde allí emprendimos el viaje, primero a mi tierra colorada, por estar más alejada y después a Chiquián, de regreso.




Walter A. Vidal Tarazona





Nélida Silva, el autor de la nota y Noelia Silva, en casa de las nombradas, Llamellín.














Entrada a Llamellín... por Paccharajra.



Walter A. Vidal Tarazona

Aquel miércoles, cuando descendimos del carro que nos condujo a LLamellín, el sol recogía sus últimos rayos de oro del emblemático cerro de Pahuacoto, en cuya amorosa falda crece esta ciudad. El ómnibus había apagado su motor en la plaza principal, cuando, al bajar con el pie derecho a tierra, se rompió la base de la bolsa donde llevábamos el vino para el brindis de honor de la presentación del libro. El botellón se escapó como trozo de hielo, sonó estrepitosamente en el cemento, regando el parque parcialmente y atrayendo la mirada curiosa de los pasajeros y más aún de los lugareños que estaban allí cerca. ¡Salud Carlitos!, ¡Bienvenido a mi Llamellín querido!, atiné a dirigirme de esa singular manera a mi compañero de viaje, antes que él me regañara. (Llamellín es capital de Antonio Raimondi, provincia trasandina de Ancash, situada al noreste de Huaraz, casi desconocida para muchísima gente. Está empinada en las riberas de los ríos Puchka y Marañón, ocupando una accidentada y extensa ladera de casi 560 Km2, sembrada de encantadoras lagunas, cerros, puquiales y quebradas coquetas) . Carlos Garay, al percatarse de mi percance, entusiasmado se puso a festejar el incidente; después de lo cual, nos dirigimos a la que fue casona de mis padres, situada en la esquina nororiental de la plaza. Entramos a la tienda, hoy, de mi hermano. Nos abraza y nos ayuda con las maletas, conduciéndonos por el interior hasta dejarnos instalados a ambos en el segundo piso. Luego de unos minutos toqué la puerta de la habitación de mi amigo. Él ya se había acicalado adecuadamente. Bajamos al patio. “Está bonita la casa”, me dice. En ese momento no supe qué es ser “bonita”, admito que tal vez es “bonita” por las transformaciones introducidas gracias a la tecnología de moda. Pero bonita, realmente, creo que era aquella, con su patio, que yo hace más de 50 años, dejé empedrado con cantos rodados blancos y negros (hoy tachonado de cemento).


Sonó el infaltable celular, el avasallador celular, el indispensable celular. “Bienvenido, tío, a nuestra tierra. Ya todo está listo para presentar el libro, mañana a las 6 de la tarde, en el auditorio de la Municipalidad”. “Gracias, Nélida, dime ¿dónde estás”, le pregunto; “saliendo con Noelia hacia donde están ustedes”, me responde. “No, no; mejor espérennos en tu casa, Carlos está loco por conocer Llamellín y no queremos perder tiempo”. Salimos a la plaza con mi amigo, con dirección a la casa de mi sobrina. Lo primero que muestra la plaza de Llamellín es su parque con su simpática iglesia. Ésta es imponente por el tallado de su puerta de madera, hecha por los maestros del Taller Don Bosco; la parroquia con su iglesia ocupa una manzana, y está construida en un nivel más alto que el de la plaza. En su interior vive el Padre Nonni con los chicos del Taller Don Bosco y sus colaboradores italianos. Al lado oeste de la plaza, donde termina la parte más vistosa de la falda del Pahuacoto, está la casa Taller de los Artesanos y el edificio de la municipalidad provincial… Llegamos a la casa de mi linda sobrina. Sin mayores modificaciones, mantiene en lo esencial su identidad y señorío tradicional. Está aún en su acogedor patio el arbusto de melocotón embelezando con su fragancia exquisita, también sus rosas, alelíes... “Como no estamos viviendo acá, están descuidadas, el tápacoj (cuidador) no es como uno mismo”, nos explica. Acabo de recordar también que, pasando por la sala principal, se llegaba a un hermoso huerto, le pregunto si está allí mismo. “Si, tío, pero lleno de mala yerba. Allí vamos a hacer pachamanca, pasando mañana, donde los invitados de honor son ustedes… Ahora, si les parece, seguimos invitando para la presentación de mañana, con ustedes mismos, casa por casa, antes que anochezca”, nos plantea. “Sí, esa es nuestra idea; de paso hacemos conocer la ciudad a mi amigo”. Salimos. Mientras caminamos, Carlos nos hace una pregunta: ¿cuál es la actividad principal de la Provincia?. Su ventaja natural, así como de las otras provincias andinas, sigue siendo la agricultura -respondo de inmediato- Aunque su mejor alternativa sería el ecoturismo, sin posponer la agricultura de subsistencia y de exportación a las ciudades aledañas, pues Antonio Raimondi cuenta con numerosos monumentos arqueológicos diseminados en sus cumbres y colinas, también posee una belleza paisajista integrada a un sistema de clima, flora y fauna, una biodiversidad que se combina naturalmente a una cultura vivencial, como prácticas ancestrales, costumbres, ritos, fiestas, gastronomía, que constituyen una atracción fácil de poner en valor para favorecer a la población, legítimo custodio de su legado ambiental. “Sin embargo, aunque parezca descabellada, debemos regresar al trigo”, comenta Noelia; también pienso lo mismo, y a despecho del TLC con EEUU –añado- pues así no dependería toda esta región del trigo importado; pero también se tiene que aprovechar las aguas de la lluvia recogiéndolas en reservorios techados y protegidos para época de secano. Hay que “sembrar el agua”, en las zonas altas en macro y micro represas, acompañado de procesos de forestación y mejoramiento de microclimas que favorezcan la lluvia… Hemos recorrido más de la mitad de la pequeña ciudad y empieza a molestarnos un poco el frío y el cansancio. Nos despedimos de las chicas que amables nos sirvieron de excelentes guías.

Flor de una planta espinosa de la quebrada de Cancanán


El siguiente día, jueves 19 de mayo, muy temprano, nos busca mi hermano Elmer y nos conduce a su amplio comedor. El aroma de las hierbas del humeante papacashqui nos abre el apetito de par en par, acompaña al exquisito plato otro más grande, de mote de trigo raimondino, como tallón, además de roscas y panes de la Parroquia y un retinto café pasado en colador de tocuyo; todo, todo, servido con las propias manos del amable anfitrión. Después del suculento ágape, salimos al Colegio “Antonio Raimondi”, en el barrio de Allauca, para invitar, en la persona de su Director Dr. Silverio Silva, a todo el personal y alumnos del Quinto Año. Seguimos nuestro recorrido: UGEL, Gobernación, juzgados, Fiscalía, etc., y hemos tenido suficiente tiempo para caminar desde la quebrada de Paccharajra hasta la de Cancanán, riachuelos otrora de aguas cristalinas, donde íbamos a bañarnos al aire libre; aún mantienen su lozanía amorosa en sus piedras, helechos y plantas revestidas de verdor y flores coloridas, sólo que ahora sus aguas no están tan bullangueras ni fortachonas como antes; ahhh, ni cristalinas.


Seis de la tarde. Llega la hora de la presentación de Palpitar del Ande. 20 minutos antes, salimos de nuestra morada con nuestros libros y el porrito de vino que volvimos a comprar en la tienda de nuestro amigo Machilino. Cuando llegamos a la puerta de la Municipalidad, nos señalan el segundo piso. Abren el auditorio, y la primera persona en llegar, después de nosotros, fue la señora Roxana Pilossi, quien en representación del Padre Jorge Nonni, haría el comentario pertinente. A las seis en punto, tal como estaba prevista, empezó con las palabras de bienvenida del Alcalde Provincial, Sr. Guillermo M. Sánchez Mendoza, quien nos ofreció su especial reconocimiento, a Carlos Garay Veramendi como huésped ilustre y a este modesto escribidor como hijo predilecto. Su personal se pasó en atenciones. Entre los asistentes alguien nos manifestaba que era la primera vez que había este tipo de evento cultural aquí. La ceremonia terminó en una fiesta general que se improvisó en ese momento. Nos llamó la atención la nutrida concurrencia, aunque no asistieron los alumnos invitados.


Para este pechito todo pasó como un sueño tachonado de maravillas, una mezcla de tiempos, distancias, recuerdos, de una alegría cristalina sin fin, también de una tristeza opaca, en fin, todo, todo ha quedado como “empozado en mi alma”.


El domingo por la noche nos juntaríamos nuevamente en Huaraz, para programar nuestro segundo viaje, esta vez al “espejito del cielo”. El jueves 27, a una semana de nuestra presentación en Llamellín, a las 5 de la mañana, en efecto, ya estábamos saliendo rumbo a Chiquián. Subimos hasta Conococha, torcemos a la izquierda, orillando la laguna, cruzamos una pampa, que se pierde de morado y azul para dar paso a la blancura de los nevados de Huayhuash, y empezamos la bajada. En su último tramo, cuando el día ya tiene despuntando el sol, se nos regala a la vista una hermosísima ciudad arropada de eucaliptos. Realmente es más que un “espejito de cielo” (Carlos me explica que ello viene de su origen acuático), para mí, ¡es un pedacito de cielo!


Cinco minutos después ya estábamos descendiendo del carro. Nos dirigimos de inmediato al mercado. Nos traen el humeante pegán caldo (caldo de cabeza de carnero) exquisito plato hondo para despertarnos aún más y ponernos en forma y estilo adecuados para la presentación del libro en mochila, esta misma noche. Después de haber saboreado el famoso humán caldo, nos dirigimos a la casa del tío de Carlos, Sr. Pablo Vásquez Veramendi, cuya esposa, la señora Lía, una amabilísima dama, nos colma de afecto y nos deja muy instalados en un cuarto de dormir, en la primera planta de su amplia casona, frente al patio adornado de un jardín de perfumadas flores y un pequeño horno panadero, vistosísimo. Salimos acicalados a hacer las últimas coordinaciones para el evento a llevarse cabo a las 7 de la noche en el auditorio de la Municipalidad.


La hora señalada empezó la actividad cultural con las palabras de bienvenida del representante del Sr. Alcalde, por ausencia del titular, y bajo la conducción del profesor Romeo Reyes Gamarra; puro corazón, él, con sus calurosas palabras preñadas de cariño, nos transportaba en el recuerdo a momentos tan gratos, como aquellos que compartían con su amigo y colega Carlitos, en este su “Espejito de Cielo”. Y mi amigo Carlos se pasó con su brillante intervención.

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Mi amigo Carlos Garay Veramendi es único, definitivamente. Ya casi al mes de nuestro viaje a la tierra adentro, con el consabido pretexto de Palpitar del Ande. Relatos y poesías, me da dulcemente, ya acá en Lima, en mi casita surcana, una doble sorpresa: su visita (no sabía que estaba en Lima) y su Testamento de Judas…, un segundo libro de cuentos, recién salidito de los hornos de la Editorial San Marcos.

¿“Has escrito la nota que tenías que hacer para el blog de Nalito Alvarado?”… “No, Carlitos, un dolorcito al estómago me tumbó a cama, hasta ahora; pero hoy mismo lo estoy enviando”.

Desde que me dejó su libro no me he desprendido de sus páginas, hasta terminarlas de devorar, una tras otra, cada vez más interesantes, a pesar que varias veces me ha hecho perder el tiempo enviándome a mi escritorio para consultas a mi diccionario. Me gusta mucho, más que su primera obra. ¡Ahhh! también me detuve cuando encontré algo sobre “política”, es decir, algo de su corazoncito “político”. Y no quiero decir más cosas porque tienen que leerlo. Sólo repito que me gustó mucho. Y estoy dispuesto a volverlo a leer. Aquí, poquito, de ese “algo” al que hago referencia:
“[…] Gobernaba entonces el general Juan Velasco Alvarado, militar nacionalista de verdad, con huevos bien forjados de piedra granítica. Amó, a su modo, nuestro Perú, con esa transparencia de puquiales andinos, como pocos, y con uñas muy bien recortadas. Un raro dictador honrado, sui géneris, en un país donde hasta los supuestos demócratas son ratazas, con excepciones contadísimas […]” (p.36).

















































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