martes, 1 de septiembre de 2009

Prospectiva UNAC - boletín trimestral Nº 5









Nº 5 - Octubre 2005

OFICINA DE CALIDAD ACADÉMICA Y ACREDITACIÓN UNIVERSITARIA

Juntos para un mundo mejor


EDITORIAL
Vivimos momentos cruciales para la Universidad. Una crisis universitaria que, en nuestro país, como en la mayoría de los del tercer mundo, se viene arrastrando desde que el modelo institucional entra en desfase con la realidad social. Es innegable que nuestras universidades no responden adecuadamente a los grandes cambios de la ciencia y la tecnología y por ende no generan innovaciones.
Cuando la sociedad haya comprendido enteramente que la Universidad es imprescindible para sosteneer el desarrollo regional, nacional y global, estará segura de su importancia y se interesará por ella.
Las universidades nacionales, han venido sufriendo una sistemática reducción de sus presupuestos (hace diez años, el tesoro público cubría el 85% del presupuesto de las universidades, hoy sólo lo hace el 67%, lo que obliga a estas instituciones educativas a generar recursos propios para subsistir); es en esta circunstancia puntual que se enmarca la lucha del profesorado universitario exigiendo a los órganos competentes una conducta moral que implica el cumplimiento de la ley en el país. La Comición CAAU, que no se siente ajena a este justo reclamo, saluda al profesorado unacino por mantener una actitud solidaria, unitaria y responsable, entendiendo que no habrá calidad académica si los docentes, que constituyen el motor del desarrollo económico y social, no están adecuadamente considerados.
En la Comisión CAAU aspiramos con una universidad que genere y difunda la ciencia, tecnologías e ingenierías con pertinencia, con una alta calidad de sus docentes para la formación profesional. Una universidad con presencia para liderar con sus conocimientos en el mercado profesional. Una universidad cuya misión se sustente en principios y valores éticos y morales, que brinde una formación integral, que ghenere profesionales de alto nivel capaces de aportar al desarrollo regional y nacional y responsable de una cultura de paz, progreso y bienestar. Que "la investigación científica como actividad prioritaria y obligatoria para contribuir a la liberación nacional en la búsqueda de un Perú nuevo [...]", no sea letra muerta (Art. 55 de su Estatuto).
Por eso estamos abocados en establecer mecanismos de auto evaluación para el mejoramiento académico continuo con visión de calidad, desarrollando conferencias, simposios y talleres, a fin de crear conciencia participativa. La cooperación estudiantil en las diversas instancias de evaluación, fiscalización, control de calidad y mejoramiento académico es importante; queremos apoyar la calidad y capacidad académica de maestrías como la de la Investigación y Docencia Universitaria (MIDU), única en su género en el Perú, proponiendo una autoevaluación académica, administrativa y financiera para conocer el cumlimiento de sus objetivos y retroalimentar el aprendizaje continuo.
WAVITA

¿TENEMOS IDEA DEL MODELO DE UNIVERSIDAD QUE QUEREMOS?
Mg. Waller Vidal Tarazona

"Lejos de ser un arma al servicio de la conquista de mercados por la eliminación de competidores, la educación debe de ser un medio eficaz al servicio de la creación de la riqueza común mundial".
Ricardo Petrella.

En el encuentro internacional de Universia (Sevilla, mayo 2005) los rectotes reafirmaron su compromiso con un modelo de enseñanza basado en principios éticos, la transmisión de valores, la adquisición sólida de conocimientos y el desarrollo de actitudes y capacidades que permitan al estudiante integrarse en el mundo laboral; definieron el carácter humanista, científico y técnico de la formación universitaria. La pregunta es: ¿Esta es la educación que queremos para nuestras universidades? ¿Qué modelo de universidad estamos buscando? Con este artículo se pretende generar una reflexión sincera en torno a qué somos y qué deseamos ser como universidad. Primero, se contextualiza el conocimiento al mundo actual, luego se aborda lo que sería la misión de la universidad desde su propio ethos y sus principios, finalmente se intenta delinear algunas consideraciones teóricas para aproximamos a una visión de universidad situada en el puerto más importante del país.

Francois Lyotard (La Condición Post Moderna, 1987) decía que el saber es producido para ser vendido y es consumido para valorarse en una nueva producción; es, y lo será aún más -decía- "un envite mayor, quizá el más importante, en la competición mundial por el poder". No cabe duda que hoy "el saber" y "el saber hacer" son factores claves en la producción: es insumo y producto. ¿Qué implica esto? Que la universidad, como centro productor de conocimientos, se ha visto obligada a conectarse con los cambios en la ciencia y tecnología. En países desarrollados esto se cumple; pero en la mayoría de países del tercer mundo todavía. La universidad, especialmente en nuestro país, atraviesa una situación crítica que sensibiliza incluso su propia identidad.
Se tiene que pensar, para bien de todos, que el conocimiento que nuestro planeta necesita es uno con pertinencia a su desarrollo ecológico; que se genera y distribuya con eticidad, regulado con normas de moral pública. El ethos universitario, por principio y definición, es servir al hombre con la cultura que crea, recrea, conserva y transmite, y esto no sólo implica una profesionalización, fría sino una educación que no se reduce a ser un instrumento al servicio exclusivo de la productividad como muy piensa Amartya Sen. Centremos nuestra atención a esta parte, que tiene que ver con la esencia misma de lo que es universidad y su misión desde su propio ethos.
Cuando la universidad fue creada, sus sueños eran ciencia y autonomía, y enarbolaba como principio básico el humanismo; pasó el tiempo hasta obtener su configuración moderna y ser tentada por la industria competitiva empeñada en devorar a la pequeña artesanía de auto subsistencia. Hoy la universidad es ya científica: produce ciencia y tecnología y lo trasmite también con autonomía. Pero ha perdido mucho de su humanismo. La crisis de las universidades en el mundo occidental tuvo que ver básicamente con la masificación que provocó el cambió de los objetivos pedagógicos (qué enseñar y cómo enseñar) redefiniendo su relación con la sociedad en la cual la universidad queda como principal proveedor de capital humano para la industria, cuyo auge la volvió competitiva ligándola a su desarrollo económico y obligándola a que redetermine sus roles básicos: la investigación y la docencia.

En América Latina la reconversión fue mucho más crítica por el problema de calidad de su enseñanza. En nuestro país, la universidad es aún casi verbalista, informativa, poco sensible al acontecer social, no está considerada como factor de cambio, no produce conocimientos todavía en cantidad ni calidad adecuada, su pedagogía aún no es una actividad reflexiva que le permita, más allá de sólo adiestrar o instruir (Peñaloza, 1998), brindar a los alumnos una formación integral.

Así, se supone que la Universidad Nacional del Callao (UNAC), como encargada de preservar, transmitir, recrear el legado cultural e impartir los conocimientos producidos y reproducidos por ella para el desarrollo social y económico de la región y el país, "[ ... ] es una institución de educación superior, democrática, autónoma, científica y humanista, dedicada a la investigación, innovación tecnológica, a la difusión de la ciencia y cultura, la extensión y proyección universitaria y la formación profesional, para contribuir al proceso de desarrollo económico-social independiente de nuestra Patria" (Estatuto, Art. 1), a "[ ... ] formar integralmente humanistas, investigadores, científicos, docentes universitarios y profesionales de alto nivel académico, en función de las necesidades, recursos y objetivos nacionales" (Ibid, Art. 6). Pero, la UNAC, como la mayoría de las universidades nacionales del país, no produce ciencia ni tecnología con pertinencia para ser motor de desarrollo de su región.

Precisar una visión universitaria en concreto, desde su esencia misma de lo que es universidad, pasa por un análisis profundo de la actual crisis universitaria, especialmente de crisis de valores que invade el mundo de hoy, en particular a nuestras universidades, crisis que lleva a sensibilizar no sólo sus principios, sino su propio ethos y talvez su propia identidad como institución de educación superior. ¿Podemos hablar ya, entonces, de una segunda reforma universitaria?
Cornejo Polar decía que "la reflexión de la universidad peruana sobre sí misma se ha congelado" (Alma Máter,1992). Por cierto que la Ley Universitaria establece que la universidades -profesores, estudiantes y graduados- se dedican al estudio, la investigación, la educación, a la difusión del saber y la cultura, a su extensión y proyección social; sin embargo se sabe que eso no se cumple. Quedó en el papel. Probablemente Agurto Calvo, tenía razón cuando decía que "las universidades estatales están condenadas [con la actual ley] a ser entidades de tercer orden, resignadas a una mediocridad académica" (Perspectiva Universitaria, 1994).
Podemos asegurar entonces, que si nuestra universidad no cambia ... o el cambio no garantiza una mejor calidad de su producto, en el actual entorno competitivo de re conversión de las economías hacia un nuevo tipo de producción basada en el conocimiento, en un escenario además de globalización que impone su dinámica, se irá alejando cada vez más de la preferencia del mercado; y sin pertinencia para el desarrollo de su entorno, del país y global, seguirá instruyendo o adiestrando técnicos de baja calidad que terminarán en ocupaciones para los que no fueron preparados.

No existe pues otra alternativa que revertir esta situación. Necesitamos un modelo de universidad que brinde enseñanzas pertinentes al desarrollo prioritariamente de la Región Callao y del país, que permita la educación de profesionales competentes, emprendedores, solidarios, animados por valores éticos y de servicio a la comunidad; un modelo que permita un activo diálogo cooperante con la sociedad y estreche vínculos con las instancias sociales, políticas e intelectuales que lideran la Región del Callao y el país, un modelo que fortalezca la capacidad emprendedora de nuestros docentes y estudiantes para que apliquen sus conocimientos en la ejecución y desarrollo de unidades empresariales, que alcance una gestión eficiente, eficaz, transparente, profesional, participativo y democrático, para que cumpla cabal y óptimamente con sus funciones de investigación, docencia, extensión y difusión.

Y a nivel nacional se requiere una política de educación superior que sea coherente con el desarrollo del país, y que: "Una Universidad que se ha de crear tendrá que demostrar que es buena. Y no con sus currículos (porque el papel aguanta todo) sino con la calidad de sus investigaciones, de sus publicaciones, de sus tesis". (Palabras del actual ministro de educación Javier Sota Nadal que, se espera, no se queden en papel). Resumiendo, creemos que la educación no es un instrumento ni un medio (pensamiento de Petrella, supra), es un fin. No deseamos sólo modelos de enseñanza (rectores de Universia, supra), queremos un modelo de educación universitaria, no de pura de competencia ( competente y competitivo), sin capacidad crítica y creadora; sino, una universidad con la autonomía responsable para considerar también el poder, como poseedora del saber, al servicio de la hominización y humanización plena, con una visión que no pierda como objetivos el óptimo desarrollo del saber, la dignidad humana, la solidaridad colectiva, la conciencia social y ecológica.
¿ES POSIBLE ENTRAR EN LA RUTA DE LA CALIDAD?

Mg. José L. Portugal V.

El título del artículo es una pregunta que puede tener varias respuestas, todo depende dónde nos encontremos, quiénes somos y cuál sea nuestra situación. Si somos docentes, nuestra visión de cambio y de mejoramiento puede quizás ser diferente a aquella otra que manifiesten estudiantes o empleados. Para cada quien, la ruta de la calidad puede tener un significado, objetivos, estrategias, herramientas y procedimientos diferentes; esto responderá a las necesidades, expectativas y condiciones de naturaleza estamentaria, funcional, operativa y regulatoria de cada uno.

Hasta aquí, y sin mayor esfuerzo, hemos llegado a determinar el problema. ¿De qué se trata? Muy simple, se trata de que desde donde miremos a la universidad y sus problemas, siempre encontraremos explicaciones, razones y argumentos cada vez más diferentes uno del otro. Cada quien piensa que el atraso en que vivimos se debe exclusivamente a la administración siempre de una eterna pobreza; de escasez de asignaciones presupuestarias, insuficientes para el sostenimiento administrativo universitario y por el estilo, otras explicaciones o formas de entender el caos. Siempre hemos visto el, o los problemas, a partir de la búsqueda de culpables o de terceros responsables, pero de ningún modo nos antojamos a creer que nosotros, o más personalmente "yo", seamos los culpables o por lo menos co-autores de esta crisis con consecuencias casi mortales de la Universidad. Retomemos la pregunta: ¿Es posible entrar en la ruta de la calidad? Creo sinceramente que sí. Y la única forma de hacerlo es intentando pensar en conjunto, pero al anísono. Pensando en la universidad y su futuro, teniendo una visión global, identificada corporativa o institucionalmente. Una visión de 360 grados a partir de uno mismo, comprendiendo o involucrando a elementos, personajes, situaciones, circunstancias, deberes y derechos, responsabilidades, actitudes, expectativas, opiniones, esperanzas, costumbres, normas, regulaciones. Pero sobre todo sabiendo y entendiendo nuestra propia y única responsabilidad como artífices de la crisis.

Cabe una interrogante más. ¿Nos hemos preguntado alguna vez cuán responsables somos de la crisis? Con honestidad, somos bastante responsables, ya que siempre, lamentablemente, encontraremos nuestros deberes incumplidos, responsabilidades salvadas a última hora; cumpliendo nuestras tareas sólo porque alguien nos exige; cuando amenazados de alguna forma, entramos forzadamente y a regañadientes en la formalidad, en el cumplimiento, claro que por eso y así estamos felices; pero ¿no creen que nuestra felicidad llegaría a límites casi celestiales si cumpliéramos lo nuestro por decisión propia, por responsabilidad conciente de nuestros deberes, sin esperar un jefe, un supervisor o superior que lo exija?

En resumen, la ruta de la calidad se inicia cuando de manera conciente identificamos el problema, lo observamos, lo describimos, lo explicamos para nosotros mismos, reconociendo sus características. Lo comparamos con los problemas de otros en iguales o similares circunstancias; cuando sabemos cómo ocurre, cuando determinamos con claridad el mecanismo del error, es decir procedemos a analizarlo y a buscar las principales causas del fallo, ya estemos en la ruta; pero sobre todo cuando en la cadena de procesos nos ubicamos jugando un determinado rol protagónico, es decir consignándonos como co-autores del proceso de descomposición.

Un siguiente paso consiste en tomar la acción para eliminar esas causas que producen la no calidad, verificando posteriormente la efectividad de la acción a fin de adoptar el procedimiento como estándar para el futuro, eliminando de manera permanente el error y procediendo a proyectamos proactivamente en una prognosis que nos pondrá en la auténtica ruta de la calidad. Pensamos estar en esta ruta de la calidad con el proceso de autoevaluación que intentamos con tanto empeño poner en marcha en la UNAC. Hagamos el esfuerzo, pero juntos.

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