lunes, 1 de junio de 2015

RAIMONDI Y EL DESARROLLO DEL PERU

Walter A. Vidal Tarazona


De Antonio Raimondi no se ha dicho todo lo que debiera decirse de él. Creemos, no lo suficiente sobre lo que significa el avance de las ciencias con su presencia en nuestro país; salvo Raúl Porras Barrenechea, para quien Antonio Raimondi representa en la Geografía, como Palma en la Literatura y Garcilaso en la Historia, una de las grandes  coordenadas de la cultura nacional.

Falta también hurgar sobre su labor como consultor del Estado en temas científicos de interés nacional, desempeño circunstancial del sabio que nos mueve a formular la siguiente pregunta: ¿Llegó a tener el naturalista una idea de desarrollo para Perú como modelo coherente capaz de ser rescatado hoy? Vamos a trazar aquí alguna línea de reflexión sobre este tema que nos apasiona. 


Antonio Raimondi D´Llacqua


Personalidad del Sabio.

Desterrado de su patria por voluntad propia, llega al Callao un 28 de julio de 1850 a las 11 de la mañana, con sus 23 años, una lupa, un lápiz y unas cuantas libretitas. ¿Qué es lo que le trae al Perú? La inmensa pasión que siente por la naturaleza. Cuando llega al Perú,  una higuerilla silvestre del matorral de los alrededores limeños se apresta a recibirlo con una sonrisa. El joven italiano también sonriente reconoce la planta, y observa que acá la higuera crece libre y no en los invernaderos como en Europa[i].

Luis Astete, citado por Ettore Janni, lo pinta físicamente al sabio como un caballero: “alto, corpulento, de fuerza hercúlea [...] barba aperillada y unos ojos grandes de los que surge una mirada serena”. Emiliano Llona (1884) añadiría: “La energía, el candor y la bondad se hallaban singularmente mezclados en su fisonomía y revelados por la locuacidad de sus palabras y la viveza de sus movimientos”.

Cariñoso y apasionado en el amor, como lo demuestra en una de las tantas cartas enviadas a su novia Adelita en Huaraz: 

Señorita de mi mayor afecto y estimación […] Por mi carácter soy poco amigo de diversiones y después que me he separado de usted no solo no hallo gusto de las distracciones, sino que me dan fastidio, porque no encuentro en ellas nada que retenga mi atención, no estando presente usted”. En otra, manifiesta:
“[…] no le parezca extraño que yo no le haga mil demostraciones de amor: esto no entra en mi carácter. A mí me gustan más los hechos que las vanas palabras y, cuando amo a una persona, la amo en serio; y solo le diré que me considero muy feliz si usted piensa en mí como yo pienso en usted”.


Adela Loli de Raimondi

Sensible hasta el llanto amargo, como lo cuenta su biógrafo Janni: “[…] sus lágrimas eran de ternura. Lloraba elevándose de las melancolías del pasado a las nuevas esperanzas del porvenir”. En otra misiva a Mariano Enrique Paz Soldán, el sabio le dice: “No sabe el amigo Colunga cuantas puñaladas me dio involuntariamente con sus cartas orladas de luto”, haciendo referencia a las cartas de condolencia que su entrañable amigo así le enviaba cuando Raimondi perdió a su adorada madre en Italia. El sabio al referirse a su demasiada sensibilidad se reconoce que: “[…] si la generosa naturaleza no hubiera hecho germinar en mí esta grande pasión por las ciencias naturales, que casi raya en  frenesí [….] yo hubiese sido el ser mas desgraciado" [ii].


Formación y Pensamiento.

En cuanto a su preparación académica que trae consigo el viajero, dice su biógrafo: "[…] no cabe determinar siquiera hasta donde cursó estudios regulares, los que probablemente no lo fueron mucho que digamos. Está fuera de duda que no se graduó y que llevó allende el océano algún título académico. Posiblemente no estudió sino a su manera, confor­me a su vocación”.

Raimondi sabía que el naturalista se forma básicamente en el directo y permanente contacto con la Naturaleza, con los objetos de estudio a la mano y no encerrado en el laboratorio; de allí sus frecuentes visitas al Jardín Botánico de su patria.

Su gran capacidad de percepción de los objetos, su talento para descubrir, analizar, sintetizar los hechos estudiados implica una gran destreza y un esfuerzo sobrehumano; pero sabía manejar su exquisita imaginación e intuición para construir sus conocimientos enciclopédicos, donde tampoco está ausente su sensibilidad social. Cristóbal D. Bustos Chávez recuerda que el sabio observa y analiza el “Ingenioso método de dar los tintes a ciertos tejidos” en Vilcabamba  (Piscobamba), que requiere “mucha paciencia y tiempo, condiciones que se reúnen, en la raza indígena del Perú, porque además de su mucha paciencia el indio nunca tiene en cuenta el valor del tiempo que emplea en hacer cualquier cosa”. Sin duda  Raimondi fue un sincero indigenista, tuvo fe en las virtudes y méritos de esta raza andina, bravía; el indio fue su guía amiga en los caminos inhóspitos, por eso se compenetró con él.”iii Si tuvo un proyecto de desarrollo no estuvo ausente este capital humano, básicamente en la agricultura.

Su afán del saber universal y su experiencia le enseñan a asimilar conocimientos globales antes que saberes parciales y específicos, los cuales son indispensables para plantear modelos holísticos. Honorio Delgado, citado por Reina Loli en el “Libro de Oro de la Provincia de Antonio Raimondi”iv (2014), dice: "Rasgo característico del pensamiento de Raimondi es la aspiración a la totalidad. Adquiere noticia exacta de cuanto es posible saber de cada cosa, pero, a la vez, abarca el conjunto con una sola mirada, desde un solo centro. Con repugnancia instintiva para la especialización, cultiva todas las ciencias -tarea muy pesada en el siglo XIX-. No le contenta ser sabedor consumado de una disciplina. La profundidad de su amor a la obra de Dios exige la iluminación cabal”.

En 1857 publica en dos tomos su libro “Elementos de Botánica aplicada a la Medicina y a la Industria”. Continúan otras publicaciones de libros y cientos de artículos científicos. En 1873 sale uno de sus libros capitales: El Departamento de Ancashs y sus Riquezas Minerales. En 1874, el primer tomo de “El Perú” y el Presidente Manuel Pardo, cuyo gobierno dio impulso a la educación y la cultura, le encarga la dirección del Jardín Botánico de Lima.   

Desde el momento que llegó a Lima, pues, se le abrieron las puertas del mundo académico al joven Raimondi. A los doce años de su llegada, estando de Rector de la UNMSM el Dr. Gregorio Paz Soldán, se le concede el grado de Doctor en Ciencias Naturales. En 1875 es Profesor Honores Causa de la Facultad de Medicina de la U. de San Marcos, otorgado por el mismo presidente de la república M. Pardo. Estos hechos robustecieron no solo su formación científica y humana, sino, también su pensamiento.


Líder de Opinión.

Esos reconocimientos a su talento y sus relaciones académicas facilitan su desempeño, finalmente, como asesor y\o consultor del Estado; hecho que le confiere un valor agregado para convertirse en un gran líder de opinión de su tiempo, con credibilidad tanto en el sector público como en el privado, en el país como en el extranjero. ¿El exitoso desempeño en tales cargos –de asesoramiento y consultoría oficial- públicos como privados, acaso no le habrían dado oportunidades para pensar en un modelo de desarrollo nacional?

Si bien es cierto que el sabio otorgó más tiempo a su labor investigativa, no se puede desechar la idea de que en su mente tuviese un pensamiento coherente de lo que era y de lo que debiera ser el Perú. Nadie mejor que él para tener una idea enciclopédica de lo que en aquel tiempo fue el Perú.

En 1872 se lleva a cabo la primera Exposición Nacional de las riquezas del Perú en el Parque de la Exposición, como preparación para la Exposición Universal de 1878 en Paris, donde el Perú fue invitado. En el libro “Minerales del Perú. La búsqueda de una imagen republicana”, el historiador Luis Felipe Villacorta al hacer el estudio introductorio relata los pormenores de ambos eventos en que se puso en juego la representación del país de cara a la modernidad y al gran cambio. “En este debate emerge la figura del eminente científico Antonio Raimondi como una de las primeras conciencias que albergan las claves para el progreso del Perú”, dice. 


Hacia una idea de Perú de Raimondi.

En efecto, el año 1878 el Perú participaba en la Exposición Universal de París con una muestra de 652 minerales coleccionados básicamente por Raimondi. Probablemente fue invitado a participar, pero él  jamás se movió de su segunda patria, a la que amó tanto mucho más que muchos peruanos; en circunstancias similares su preferencia era no “perder tiempo” en actividades protocolares, menos en turbulencias políticas; así, en 1866, en el gobierno dictatorial de Prado, se le ofreció el cargo de Decano de la Facultad de Ciencias Naturales, pero él declinó con altura.  
  
Al salir a luz el 1er tomo de “El Perú” (1874) en la parte preliminar, dice: “En el libro del destino del Perú está escrito un porvenir grandioso”. Analizando esta idea del gran peruanista italiano, encontramos las siguientes ideas fuerza: Destino del Perú- Porvenir grandioso. En Octubre de 1990, D. Gmo. Santillana Cantella (Yarcán, 1990) lanza una idea  muy estructurada sobre lo que significa la obra del sabio milanés en nuestra patria. El acucioso historiador dice:   “El Perú es el principio y el fin de su obra”.

Empatando ambas ideas fuerza, de ambos escritores, podemos adelantar algunas frases conclusivas, teniendo en cuenta por su puesto lo que ya hemos expuesto (in supra).

Para principiar, hay un vector teórico que conduce a la verificación del siguiente hecho histórico: no hay un investigador que haya conocido y estudiado el Perú, coyunturalmente, palmo a palmo, como lo hizo Antonio Raimondi en su época. Y ello no por la ausencia de intelectuales preocupados por trabajar generosamente  por el progreso de su patria; que si los hubo, especialmente en aquella época que coincide con los gobiernos más exitosos  y honestos que haya tenido el Perú: los de Ramón Castilla. Sino porque las turbulencias de la política atraía con más fuerza a la mayoría de los intelectuales que buscaban en ella su medio de vida; pues el hecho es que estas turbulencias –como las de ahora y casi las de siempre- no solo que constituían una alternativa de vida para los pensadores, sino que entorpecían y retardaban los esfuerzos –muchas veces bien intencionados- de progreso económico y social emprendidos desde el gobierno o desde algunas  instituciones civiles progresistas. 

Ciertamente, eran pocos los esforzados por el bienestar social, entre ellos Raimondi, con ese ideal constante de búsqueda de un mejor porvenir para todos mediante un desarrollo integral de país con una visión definida. Raimondi tenía el valor agregado porque sabía desempeñarse con eficiencia desde colaborador naturalista hasta experto consultor al servicio del Estado, y siempre gozando de credibilidad, tanto  en el país como en el extranjero.

Ahora, es interesante investigar ¿cuál era esa visión a la que acabamos de mencionar? El tema tiene relación también con los contenidos que el sabio iba sembrando en los líderes provincianos de los pequeños pueblos y ciudades medianas donde llegaba; pues sus conversaciones con las personas más representativas del lugar versaban sobre el progreso local, como por ejemplo cuando les sugería sembrar y transformar plantíos que la naturaleza les dada a manos llenas en ese micro clima, y siempre insuflando optimismo al esfuerzo por un crecimiento sostenido e inserción en un desarrollo global del país en base a sus recursos naturales, como el hídrico que era para Raimondi columna vertebral de ese desarrollo.
  
Mientras tanto, dejemos planteada la hipótesis siguiente: Antonio Raimondi sí tuvo, tal vez no explícito, un pensamiento de desarrollo nacional, articulando las inmensas riquezas naturales. Apunta en esa dirección –es de creer- el ilustre chiquiano-peruano Juan Eugenio Garro (1898–1990), cuando sostiene que Raimondi nuclea en un vasto pensamiento coherente “sus variados temas de investigación”, “como una aspiración de crear un cuadro grandioso que encierre la imagen del Perú, sobre la base de las ciencias naturales” (Libro de Oro de la Provincia de Antonio Raimondi, 2014).  Modelo que tal vez empezó a generarse en sus cátedras en Lima y fue robusteciéndose en sus viajes por el Perú profundo.

i El Comercio 11.12.1964.
ii En letras cursivas solo las palabras de Raimondi (para todo el artículo).
iii El Departamento 01.01. 1956.
iv Obras consultadas:
Libro de Oro de la Provincia de Antonio Raimondi. Lima, 2014.
Revista “Yarcán”, 1990.

el autor del ensayo en las alturas de la ciudad de Huaraz.





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